Por Ramón Colombo/FOGARATE

Confieso que amo este país más allá de todas sus fronteras imperfectas. Que acepto todos sus riesgos y agravantes. Que amo sus montañas peladas, sus bosques socavados, sus valles roturados, sus mares indefensos, sus ríos abatidos y sus vetas minerales puestas a merced del viento. Confieso junto a muchos dominicanos de aquí y de allá que por ese amor estamos comprometidos a defender esta preciosa herencia, y que no merece respeto nadie, absolutamente que no la defienda. ¿Qué vamos a hacer, y qué se compromete a hacer cada quien para restablecer la vida y la esperanza allí donde ya no hay nada de eso?