Somos sobrevivientes

Por: Redacción

Por Guarionex Concepción

Sobrecogidos aún por la muerte de una pareja de religiosos a manos de miembros de la Policía Nacional, escribimos con indignación esta nota.

En este país los ciudadanos que caminamos las calles estamos vivos de milagro y por suerte. A todo el que sale del hogar bendígalo, mírelo bien y si lo considera, dele un abrazo. No sabe si lo volverá a ver vivo.

Desde hace mucho tiempo viene siendo así. Superamos los asesinatos a mansalva en los tiempos de los 12 años, la guerrilla de Manolo, la guerra de abril, la guerrilla de Caamaño, la muerte de Los Palmeros, las campañas electorales de 1966 al 1978 y todavía estamos vivos.

Pero es por suerte. No ha existido en los últimos 50 años o más ni pizca de seguridad. Si te pareces a alguien que busca la Policía, date por muerto. Eso es !pum, pum, pum ! ¿y después? ¿Quién vivía?

Recuerdo una ocasión en que, muy joven aun, me saltaron encima dos policías. Uno apretaba el cañón de la pistola, a la vez que la montaba, contra mi sien derecha. Al mismo tiempo el señor del colmado donde fui a comprar algo, saltó por sobre el mostrador y se arrojó hacia mí y los policías gritando: ¡qué pasa, qué pasa! !Este no! !Este muchacho yo lo conozco! ¡Vive allí! !Es hijo de Isabel y Heriberto! Todavía me asusto al recordar.

La Policía buscaba a un joven llamado Virgilio Gómez Suardí (Billo), acusado de ser un comunista del grupo de resistencia urbana (Movimiento Revolucionario 14 de Junio) contra el gobierno de Joaquín Balaguer. Yo era un muerto seguro por mi señalado parecido físico con él…pero el propietario propietario del colmado, un laborioso señor de apellido Paulino, me salvó la vida. Tuve suerte.

Y así cada quien anda por estas calles, vivo, porque a los policías no le ha tocado un servicio en su camino. Con cada cambio de gobierno existe la esperanza de que esa tragedia policial llegue a su fin.

Ahora le tocó a esta pareja de religiosos evangélicos a quienes mataron sin mediar un ¡Alto!, sin revisar o identificar, sino disparar para preguntar luego quien vivía.

Elizabeth Muñoz y Joel Díaz, dos jóvenes predicadores que bordeaban los 30 años, se cruzaron en el camino de los policías dominicanos, porque se les acabó la suerte que le dan por ración a cada ciudadano de un país donde el estar vivo es una chepa de cada sobreviviente.

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