Vida, poder y fama terminan

Por: Redacción

Por Guarionex Concepción

La vida es transitoria. Y muy corta. Podrá una persona durar más años que otra, pero al final, termina muriendo. Entre los miles de millones de personas que existen no hay una sola que pueda vivir para siempre. Ni una sola.

Miles atesoran fortunas, incluso inmensas fortunas materiales, pero un día llega en el que tienen que marcharse y dejar absolutamente todo. La literatura recoge valiosas impresiones filosóficas de personajes que trataron el tema de la muerte, como Sócrates y Platón, cada uno en su tiempo. Heigdegger y Pierre Theillhard de Chardin, genios ilustres, el último sacerdote, quienes enfocaron aspectos fenomenológicos de la muerte desde distintos puntos de vista e, incluso, plantearon formas de actuar ante ella.

Pero nosotros vamos a un planteamiento muy simple: la forma de vivir en tanto llega la muerte. No desde la simpleza de “tal eres, tal muere”, porque alto sabido es que eso no es verdad. Incide en este enfoque el haber visto la forma de morir de personas que todo el tiempo se dedicaron al bien, y de personas que arrancaban vidas y bienes a los demás. Hemos visto al malo morir en su cama y al bueno morir en circunstancias atroces.

El asunto es el siguiente: ¿piensa el hombre en que tiene que morir obligatoriamente? o, por lo menos que sus rastros quedarán para ser juzgados por sus sucesores. Parece que no. Pero afortunadamente muchos hombres y mujeres piensan en el valor de las cosas positivas que dejaran detrás. Quienes viven de manera equivocada no se preocupan. por sus hechos. Y ese es el tema. Esos viven el hoy, buscando dinero, lujo, riquezas y adueñándose de lo que no les pertenece. De espaldas a los principios, a las reglas morales, las buenas costumbres, en fin, sin respeto a los demás y a los principios cristianos, son esclavos de la ambición de tener y de poder. Principalmente algunos dedicados a la política y que no pueden esconder su avaricia, ya que están obligados a actuar públicamente.

Cuando vemos la actuación de los humanos que solo buscan el dinero fácil y/o aventuras, lo hacemos enfocados en quienes con acciones non santas disfrutan de poder y riquezas robando al Estado y a los demás, a sangre y fuego. O en aquellos que por placer sádico hieren y lastiman a sus semejantes.

En los años 70s. conocimos a Francisco Antonio Alba Marte (QEPD) alias Tony El Pelú, un joven desorientado, reclutado por dirigentes reformistas, quien salía en tropelía con individuos de su calaña, a golpear, apresar y/ o a matar opositores al presidente Joaquín Balaguer, a simples estudiantes o a quien fuere que encontraran a su paso por las oscuras calles capitaleñas.

Su jefe fue Ramón Pérez Martínez (Macorís) un joven ingeniero venido de la izquierda, vendido a los intereses políticos oficiales de entonces.

Tony El Pelú consiguió una casita en Las Caobas, al oeste de la ciudad, desde donde pasó sus últimos años yendo a la casa de Ema Balaguer donde era mandadero.

Un día fue encontrado muerto en la casita y al sacarlo en un ataúd este se desfondo, provocando una situación embarazosa. Años después la casita permanecía abandonada, cubierta de hierbas y maleza, en la manzana 41 de Las Caobas.

Quien fuera su jefe, en tanto, enfermo y sin poder, pero inmensamente rico, murió ahora en condiciones que ignoramos.

Existen muchos que tienen que dejar esta vida, luego de una turbulenta existencia, dejando tristes recuerdos y sin poder llevarse nada.

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