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81 años y el mundo en llamas: la ONU, bombero sin manguera

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Por Valentín Ciriaco Vargas

I. Introducción: el aniversario bajo el humo

El 24 de octubre se conmemora la entrada en vigor de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este año se cumplen 81, y se cumplen bajo el humo: Gaza, Ucrania, Sudán, Irán, Yemen, Haití, entre otros.

No es una metáfora. Es el mapa de un mundo que arde mientras la organización creada para apagar incendios mira las llamas con una manguera que los vencedores de 1945 le quitaron de las manos.

¿Se puede soplar una vela mientras la casa se incendia?

Los Estados celebran con discursos solemnes. El Consejo de Seguridad permanece atado por el veto de cinco de sus miembros. La Asamblea General aprueba resoluciones que nadie está obligado a cumplir.

Y en los próximos días, Cuba volverá a la tribuna para pedir el fin de un bloqueo que la Asamblea condena cada año desde 1992.

Este texto cierra una trilogía iniciada con La ONU a los 80: ¿reforma o réquiem? y continuada con La ONU a los 81: entre el discurso del ocaso y la resistencia de los hechos.

Su tesis es sencilla: la ONU no está muerta, pero no está a la altura de su promesa, y la falla no está en el bombero, sino en quien le quitó la herramienta.

II. Breve historia: de las cenizas a San Francisco

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, con decenas de millones de muertos y ciudades enteras en ruinas, los vencedores se reunieron en San Francisco con una lección fresca: la Sociedad de Naciones había fracasado porque sus miembros no quisieron o no pudieron frenar a quienes la desafiaron. Cincuenta países firmaron la Carta el 26 de junio de 1945. El 24 de octubre, de ese mismo año, con las ratificaciones necesarias, entró en vigor.

Su preámbulo empieza con las palabras “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas”. Pero la escribieron gobiernos, y cinco de ellos se reservaron un asiento permanente y el veto: Estados Unidos (EE. UU.), la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), el Reino Unido, Francia y China.

República Dominicana (RD) es uno de los 51 Estados originarios de la organización. Más de siete décadas después, fue elegida miembro no permanente del Consejo de Seguridad con 184 votos, y lo presidió en enero de 2019 y abril de 2020. Conocemos, por tanto, la utilidad del foro y también sus límites.

¿Quién escribió la paz: los pueblos o los vencedores?

III. Objetivos: lo que prometió la Carta

La Carta prometió cuatro cosas: mantener la paz y la seguridad internacionales, proteger los derechos humanos, respetar la libre determinación de los pueblos y afirmar la igualdad soberana de todos los Estados.

¿Dónde dice la Carta que cinco Estados valen más que ciento ochenta y ocho? En el artículo 27. El artículo 2 proclama la igualdad soberana; el 27 la desmiente, porque ninguna decisión sustantiva del Consejo puede aprobarse si uno de los cinco permanentes vota en contra.

Quienes la redactaron la hicieron contradecirse, y de esa contradicción nace casi todo lo que viene después.

IV. Logros: justicia al balance

No todo es humo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) coordinó la campaña que erradicó la viruela, declarada extinguida en 1980. El Protocolo de Montreal, impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y ratificado por todos los Estados, encaminó la recuperación de la capa de ozono. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) protege y asiste a más de cien millones de desplazados forzosos. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) contribuyó en 2024 a administrar 1.500 millones de dosis de vacuna contra la polio en 87 países. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) llega cada año a más de cien millones de personas. Hay cascos azules, tribunales internacionales y un logro enorme, aunque difícil de medir: desde 1945, las grandes potencias no se han enfrentado en una guerra directa.
¿Basta con evitar lo peor cuando lo peor ocurre cada día en otro lugar?
Estos logros son reales, pero dependen de la voluntad de quienes los financian y se detienen donde esa voluntad se agota. La propia organización reconoce hoy recortes presupuestarios y reducción de personal.

V. Limitaciones: 193 a merced de uno de cinco

La arquitectura de 1945 descansa en tres bisagras, y las tres tienen dueño.

Primera bisagra: el veto. EE. UU., Rusia, China, Francia y el Reino Unido pueden bloquear con un solo voto cualquier resolución sustantiva del Consejo.

Hasta septiembre de 2025 se habían registrado 318 vetos sobre 264 propuestas: 155 de la URSS y Rusia, casi la mitad, y 94 de EE. UU., cerca de un tercio. Los vetos estadounidenses recientes se concentran sobre todo en el conflicto israelí-palestino; los rusos, en Ucrania y otros escenarios donde Moscú está implicado.

Segunda bisagra: la Asamblea General.
Tiene 193 voces, una por Estado, pero sus resoluciones no son vinculantes. Expresa la voluntad de la mayoría del planeta; no puede imponerla.

Tercera bisagra: el dinero. Quien financia, condiciona. Los grandes contribuyentes sostienen el presupuesto y, cuando recortan sus aportes, la organización recorta programas y personal.

¿Qué justicia es la que permite que el acusado vete la sentencia?

En febrero de 2022, el Consejo votó una resolución que exigía a Rusia retirarse de Ucrania. Obtuvo mayoría y Rusia, la parte acusada, la vetó.

VI. Guerras sin mediación eficaz

Desde 1945, el mundo no ha conocido un solo año sin guerras. Los Estados, a través de la ONU, han negociado treguas, desplegado cascos azules y aprobado resoluciones, pero el balance es más de administración que dé solución.

Ucrania es el caso más nítido. Rusia invadió a gran escala el 24 de febrero de 2022 y vetó desde el primer día cualquier texto del Consejo que la señalara. La Asamblea ha condenado la invasión con mayorías amplias, sin poder obligar a nadie.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) ha verificado decenas de miles de víctimas civiles y advierte que la cifra real es mayor. Cuatro años después, Rusia mantiene la invasión.

Sudán, desgarrado por la guerra entre el Ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido, vive, según las agencias de la ONU, una de las peores crisis humanitarias del planeta, con millones de desplazados y hambruna, y apenas atención.

Yemen arrastra más de una década de guerra sin paz duradera.

Siria, Libia, Myanmar, la República Democrática del Congo, Afganistán y Haití, entre otros, completan una lista de crisis crónicas: misiones sin recursos, enviados especiales sin respaldo y soluciones colectivas que no llegan.

¿Cuántos conflictos más hasta admitir que el sistema no resuelve: administra?

VII. Los casos que desnudan el doble rasero

Hay guerras que los poderosos permiten juzgar y guerras que toleran. Cuatro casos lo muestran.

Cuba. El bloqueo lleva más de seis décadas. Cada año desde 1992, la Asamblea exige su levantamiento.
En 2025 lo hizo por trigésima tercera vez, con 165 votos a favor, 7 en contra y 12 abstenciones: una mayoría abrumadora, pero inferior a los 187 votos del año anterior, tras una ofensiva diplomática de Washington que, según la agencia AFP, restó apoyos a La Habana. En julio de 2026, 136 votos aprobaron abrir un debate urgente sobre el tema. Ninguna de estas decisiones es vinculante.

¿Para qué votar si el resultado no obliga?

Venezuela. El 3 de enero de 2026, una operación militar de EE. UU. capturó al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. Desde la óptica de la Carta, fue una violación del artículo 2(4), que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado. Guterres, habló de un “precedente peligroso”. La Corte Penal Internacional (CPI) investigaba a Venezuela desde 2021: existía una vía judicial internacional, y Washington eligió la militar.

¿Qué Estado está a salvo si la fuerza sustituye al derecho?

Gaza. Hay un alto el fuego desde octubre de 2025, frágil y con violencia persistente. Según el Ministerio de Salud de Gaza, los muertos superan los 73.000. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, habló de genocidio; Guterres, de una escala de muerte y destrucción sin igual en sus años de mandato, y advirtió del riesgo de limpieza étnica en Cisjordania. El Consejo sí actuó: en 2024 exigió un alto el fuego, tras cuatro intentos fallidos, y en noviembre de 2025 aprobó la Resolución 2803, que respaldó el plan del presidente estadounidense, Donald Trump, y la Junta de Paz. Actuó tarde, y en los términos del más fuerte.

¿Cuántas vidas hicieron falta para que el Consejo se moviera, y quién escribió el texto cuando lo hizo?

Irán. El 28 de febrero de 2026, EE. UU. e Israel atacaron territorio iraní; murió el líder supremo, Alí Jamenei. Teherán denunció ante el Consejo crímenes de guerra por la muerte de civiles, y Guterres condenó el uso de la fuerza. El 11 de marzo, el Consejo aprobó, con 13 votos y la abstención de Rusia y China, una resolución que exige a Irán cesar sus ataques contra los países del Golfo, pero ninguna sobre los bombardeos iniciales. Ese mes, el Consejo estaba presidido por EE. UU.

¿Puede un miembro permanente bombardear a un Estado soberano y presidir luego el órgano que debe examinarlo?

El patrón se repite: la Asamblea condena sin obligar, el Consejo obliga solo si los cinco consienten, y la CPI tiene una orden de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mientras la captura de Maduro nunca pasó por La Haya.

¿Quién decide a quién alcanza la justicia internacional y a quién no?

VIII. Desafíos de un mundo en llamas

Cuatro fuerzas agravan el cuadro, y ninguna tiene aún respuesta institucional.
La primera es política: el resurgimiento de movimientos de extrema derecha que numerosos historiadores no dudan en vincular con el fascismo. En el Parlamento Europeo surgido de las elecciones de 2024, la derecha radical y extrema reúne 187 de los 720 escaños, alrededor de una cuarta parte, y varios gobiernos cuestionan tratados, tribunales y organismos multilaterales.

La segunda es social: el recrudecimiento de la discriminación, el discurso de odio y la xenofobia, cuyo blanco más visible son los migrantes, unos 300 millones de personas en el mundo.

La tercera es tecnológica: los Estados y las empresas desarrollan la inteligencia artificial sin un marco global vinculante, y Guterres advirtió en septiembre que el poder se desplaza de los gobiernos hacia corporaciones y algoritmos.

La cuarta es climática: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que 2024 fue el año más cálido registrado, con 1,55 °C por encima de la media preindustrial.

¿Quién protege a los pueblos que no tienen un aliado con veto?

IX. Hacia una ONU refundada

Las propuestas existen y tienen autor.
La primera es limitar el veto ante atrocidades. La iniciativa de Francia y México propone que los permanentes se comprometan, voluntariamente, a no vetar en casos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Cuenta con 128 Estados, y el Reino Unido se sumó el 21 de septiembre como segundo permanente, tras Francia. Pero EE. UU., Rusia y China siguen fuera: justamente quienes más vetan.

La segunda es ampliar la representación. En su último discurso ante la Asamblea, Guterres lo dijo sin rodeos: un Consejo del siglo XXI sin asientos permanentes africanos es injusto e indefendible. La Unión Africana (UA), conforme al Consenso de Ezulwini de marzo 2005, reclama dos asientos permanentes, con veto mientras exista, y cinco no permanentes.

América Latina y el Caribe no tienen ningún asiento permanente. Y la India, el país más poblado del mundo, con más de 1.400 millones de habitantes, sigue sin él, igual que Brasil, Alemania y Japón; juntos forman el llamado G4, que lo reclama desde hace años.

La reforma se estanca también por rivalidades entre los propios aspirantes, y los cinco lo saben.
Las demás reformas son una Asamblea con peso vinculante en paz y seguridad, financiamiento independiente de las potencias y un secretario general con mandato político real.

Esa última pregunta ya tiene calendario. El mandato de Guterres vence el 31 de diciembre de 2026 y, según el último sondeo informal del Consejo, encabeza la carrera la costarricense Rebeca Grynspan, con el veto como incógnita. ¿Será el próximo secretario general un árbitro o un administrador de la parálisis?

¿Reformar o refundar? ¿Quién le pone el cascabel al gato? La presión no vendrá de arriba. Vendrá del Sur Global, de los bloques regionales y de la sociedad civil.

X. Conclusión

Ochenta y un años después de San Francisco, el mundo sigue ardiendo y la ONU sigue sin manguera. No es una paradoja: es el resultado de un diseño que los vencedores se reservaron y que sus herederos no sueltan.

En los próximos días, Cuba volverá a votar. Previsiblemente obtendrá otra mayoría amplia, y previsiblemente nada cambiará. Esa es la imagen exacta del problema: una voz mayoritaria sin poder frente a un poder minoritario sin freno.

No hay que apagar la ONU: hay que devolverle la manguera. Limitar el veto ante las atrocidades, ampliar la representación, dar peso vinculante a la Asamblea. Las propuestas están sobre la mesa. Lo que falta es la voluntad de quienes pueden aprobarlas.

¿Será la ONU el espejo de 1945 o el timón del siglo XXI?
La respuesta no está en la Carta. Está en los Estados que hoy la invocan.

Nota

Los datos, cifras, estadísticas, nombres y organismos citados en este artículo son verificables en los informes públicos de las Naciones Unidas y sus agencias (Acnudh, ACNUR, OMS, PNUMA, OMM, Unicef y PMA), en los registros del Consejo de Seguridad y la Asamblea General, y en las resoluciones y comunicados oficiales de la Corte Penal Internacional (CPI). Las cifras corresponden a las últimas actualizaciones publicadas por cada fuente a la fecha de cierre de este texto.

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