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lunes, agosto 17, 2026
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La caótica transición al uso de tarjetas bancarias con chip en comercios de Estados Unidos

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aexpDesde hace meses, los usuarios de tarjetas de crédito en Estados Unidos han recibido nuevos plásticos provistos de un chip, y ahora en vez de deslizar la tarjeta por el sensor magnético de los dispositivos de pago en tiendas, ésta debe ser introducida en una ranura especial para leer la información contenida en el chip. O debería.

La justificación del cambio es que el chip ofrece mayor nivel de seguridad que las tarjetas provistas solo de banda magnética y con ese objetivo los comercios han comenzado a introducir terminales de pago compatibles con esa tecnología, denominada EMV. 

El problema es que esa transición ha sido dispareja, con multitud de tiendas que, aunque tengan los sistemas lectores de tarjetas con chip, no los utilizan y piden a sus clientes que sigan deslizando sus plásticos al pagar. Además, en muchas ocasiones las terminales para chip que sí están en funcionamiento no ofrecen precisamente la mejor experiencia al cliente y suscitan demoras y confusiones.

La razón de todo el cambio se origina en proteger la información personal de los tarjetahabientes pues el chip ofrece protección adicional para esos datos a la hora de hacer transacciones, que no pueden ser “sustraídos” tan fácilmente como los contenidos en las bandas magnéticas.

Para incentivar esa transición tecnológica, como comentó el portal Quarz, se determinó que si los comercios no instalan las nuevas terminales de pago con lectores de tarjetas con chip, serán responsables de los actos de fraude que se cometan en sus sistemas, y no el banco como es lo usual. En cambio, los fraudes que pudiesen cometerse en una terminal EMV son responsabilidad de la institución financiera y no del comercio.

Según datos de la televisora ABC, en 2014 los datos de tarjetas de crédito de cerca de 31.8 millones de consumidores fueron robados, y casi la mitad de todos los fraudes con tarjetas se cometen en Estados Unidos.  Una razón de peso para incrementar la seguridad en esos procesos.

Empero, la introducción de los nuevos sistemas ha sido lenta, si bien la transición comenzó en octubre del año pasado.  Muchos pequeños comercios simplemente no han adquirido las nuevas y más costosas terminales, y multitud de comercios siguen indicando a sus clientes que utilicen sus tarjetas de banda magnética incluso si la tarjeta del cliente tiene chip y la tienda cuenta con lector EMV, lo que puede crearles riesgos financieros en caso de fraude.

Como resultado, todo el asunto ha sido caótico y, por añadidura, hay otros problemas o desconfianzas que han hecho toda la transición aún más engorrosa.

El primero es que no existe un mandato del gobierno que obligue a participar en la transición. El incentivo de no tener que asumir responsabilidad por fraudes es la razón principal para el cambio, pero tiendas pequeñas que no enfrentan altos riesgos de esa naturaleza no estarían interesadas en gastar muchos miles de dólares en un equipo nuevo.

Además, muchos comercios, sobre todo restaurantes y bares, desconfían de las tarjetas con chip porque, como menciona Quarz, temen que el proceso de cobro de propinas o el de mantener cuentas abiertas automáticamente (como suceda en los bares) se altere o se vuelva inoperante, forzándolos a llevar esas órdenes de modos manuales, lentos y erráticos.

Por Jesús Del Toro

 

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