Por Guarionex Concepción
De un tiempo a esta parte se ha venido produciendo un fenómeno extraño en el servicio de informaciones.
Decimos servicio de informaciones, porque no es comunicación como la conocemos. No es periodismo.
Los medios que sirven de plataforma a este despropósito son múltiples y variados, y han tejido una complejísima gama multipropósito que cubre todo el espectro lecto audiovisual imaginable.
Lo cierto es que recibimos cada día todo eso- videos, audios, fotos – en un lote incuantificable, que no edifica, no explica, no ofrece detalles definitivos, que no te completan una noticia acabada sobre lo que se trata o intenta tratar. Son trozos, pedazos de cosas, que los ciudadanos tienen que cedacear, unir, voltear y tratar de lograr que digan o suelten que poder digerir.
Buscas y tienes que tratar de adivinar qué pasó, dónde fue, cómo ocurrió, quién o quiénes están involucrados, etc., porque lo publicado no te dice ni eme.
El ciudadano se queda confundido con escenas de violencia, incendios, explosiones, choques, cuerpos en el suelo, sin saber en cual calle, ciudad, nación, qué personaje, día de ocurrencia, ni nada que lo ubique. Una locura.
Y entonces empieza la llamadera entre uno y otro lector, televidente, radioyente, y los nuevos bartender, formatender, youtender, distender y la gama de manejadores de canales y de gente sencilla, de la calle, que piden conocer de qué se trata lo que han recibido en sus pantallas, porque no entienden ni pío y tendrán que adivinar.



