Por Rafael Peralta Romero/Voces y ecos
Decir “apellidos en plural” es diferente a “el plural de los apellidos”. Parece un juego de palabras, pero no lo es, aunque este artículo pueda lucirle – ojalá lo sea- un divertimento. Acompáñeme y verá.
El plural de un apellido no acepta más variación que la de anteponer un artículo determinado en plural: Los Vargas, los Pérez, los Mota, los Romero. El apellido es heredado de nuestros progenitores y debe ser igual para todos los miembros de una familia: los Jiménez forman una familia diferente a los Jimenes y de los Giménez, salvo que a alguien le hayan distorsionado su apellido por displicencia o deficiencia de un escribiente público.
La tendencia, propia del vulgo, a pluralizar apellidos agregando la partícula -es encuentra terreno fértil en aquellos terminados en consonante: Brugal (Brugales), Mirabal (Mirabales) o León (Leones). En buen español basta con agregar el artículo /los/ al apellido de que se trate, no importa su terminación: las Mirabal, los León, los Brugal.
Diferente es la situación que ocurre con unos apellidos que se originaron en palabras comunes, con valor semántico. Se formaron como antropónimo familiar a partir de un sustantivo que nombra cosas, lugares, árboles. Veamos, de mies (cereal) vino Mieses; de césped (yerba) Céspedes; de lagar (recipiente donde se pisa la uva) surgió Lagares; olivar (campo de olivos) generó Olivares. Rosales (plural de rosal, arbusto de la rosa) Flores (flor en plural) y el apellido Pinales deriva de pinal, sinónimo de pinar (sitio poblado de pinos).
Un municipio de España se llama Linares. Allí nació el gran cantante Raphael, alguna vez llamado el Niño de Linares. El nombre familiar se ha formado a partir del plural de linar, que es un campo sembrado de lino. Los que visten de lino no tienen que ser de la familiar Linares, pero sí deben saber que ese apreciado tejido se cultiva en los linares.
También son apellidos en plural Mercedes (merced), Reyes (rey), Paredes (pared), Casares (casar, caserío), Placeres (placer), Ángeles (ángel) y Morales (moral). En cada caso, la palabra entre paréntesis es un sustantivo común y por tanto tienen un valor semántico registrado en el Diccionario de la lengua española. La palabra /moral/ tiene doble categoría gramatical, porque es sustantivo (Hacia una moral sin dogma) y también adjetivo (Respetemos los valores morales).
Si observamos la tendencia a formar apellidos con nombres de árboles, podemos inferir que Morales no es excepción, la voz /moral/, además de su relación con la ética y las acciones de las personas como entes sociales, en función sustantiva designa, además, un árbol de la familia de las moráceas, cuyo fruto es la mora. En esta acepción resulta cómodo usar en plural el sustantivo moral, pero no así cuando el vocablo se refiere al obrar humano.
Otros apellidos relacionados con la toponimia que nos han llegado en plural: Ríos, Montes, Campos, Ramos, Torres, Barrios, Burgos y Vegas. Se diferencian de las voces comunes de las que proceden en que como apellidos requieren inicial mayúscula, pues han pasado a ser nombres propios. Como lo son también Santos, Dueñas e Iglesias cuando nombran familias.
Solo quería decir que el plural de los apellidos poco tiene que ver con los apellidos que nacieron en plural.
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