La tragedia que ha azotado a Flint, Michigan, por la contaminación con plomo y otros elementos de su sistema de agua potable ha sido el más visible, pero no el único de los problemas que ha sufrido en tiempos recientes esa comunidad.
Aunque su vida ha sido difícil durante años muchas familias no pueden mudarse por limitaciones diversas –sobre todo económicas– mientras otros deciden quedarse a trabajar para reducir las carencias y lograr justicia.
Antes de la crisis del agua tóxica, Flint ya era una comunidad golpeada por el abandono, el desempleo y la pobreza. De acuerdo a un mapa elaborado por The New York Times y datos de estudios de la organización The Equality of Opportunity Project, el condado Genesee, es uno de los peores del país en oportunidades de desarrollo económico para los niños, que en el futuro tendrán ingresos menores (5,100 dólares menos que el promedio) que un menor criado en otro lugar más favorecido.
En realidad, la crisis presente es un síntoma de un abandono mayor, estructural: una ciudad altamente segregada, con una economía y empleos decrecientes, una salud pública deteriorada, una población que se ha reducido mientras crecen el crimen, el abandono de propiedades y las carencias en las escuelas.
Además de sufrir los efectos de la contaminación por plomo en su salud, los niños de Flint también enfrentan perspectivas desfavorables en educación, empleo, crimen y acceso a la justicia -además la intoxicación por plomo ha sido vinculada históricamente al alza de las tasas de crimen y diversos desórdenes psicológicos en las poblaciones afectadas.
Pero aunque muchas familias quieren irse para llevar a sus hijos a lugares con mejores oportunidades y más esperanzas, no todas pueden realmente dar ese paso. Muchas simplemente no tienen a dónde ir, ni tienen los recursos económicos para pagar, por ejemplo, los costos de vivienda en lugares más promisorios, pero más caros.
Por ejemplo, un apartamento de una habitación en Flint puede costar entre 418 dólares y 472 dólares al mes dependiendo del área donde se ubica, mientras que en la cercana Detroit cuesta en promedio entre 671 y 852. Y Detroit, cabe señalar, también enfrenta fuertes problemas socioeconómicos.
En gran medida, el círculo vicioso de la pobreza ha retenido a muchos en Flint, y el continuo deterioro ha hecho que sus posibilidades de salir sean menores. Los niños y sus posibilidades de futuro se reducen día a día, e incluso si algunos se van en pos de mejores horizontes los que se quedan tienen un panorama cada vez más oscuro, incluso si el sistema de agua potable se restaura satisfactoriamente y la gente logra recuperar su confianza en él.
Pero hay quienes están decididos a dar la lucha para salvar a su comunidad. Por ejemplo, Melissa Mays, madre de tres hijos, y una de las fundadoras de la organización Water You Fighting For (El agua por la que luchas). Ella ha participado en la coordinación de la recepción y distribución de agua para la gente de Flint y ha tocado con su esposo e hijos puerta tras puerta en esa localidad para brindar ayuda.
Por Jesús Del Toro



