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jueves, septiembre 10, 2026
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Cuando el periodismo se convierte en trinchera de la verdad

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Por Julio Disla*

En el Día Internacional de los Periodistas, homenaje a quienes hacen de la palabra una herramienta de lucha

Cada 8 de septiembre, los periodistas del mundo rendimos homenaje a Julius Fučík, periodista, escritor y combatiente antifascista checoslovaco, asesinado por el fascismo nazi en 1943.

Su vida y su muerte constituyen mucho más que un episodio de la historia del periodismo. Son un llamado permanente a defender la verdad frente a la mentira, la dignidad frente a la humillación y la libertad frente a toda forma de opresión.

Fučík comprendió que el periodismo no podía limitarse a describir pasivamente la realidad. El periodista tiene también la responsabilidad de interpretarla, cuestionarla y ponerse del lado de los de abajo; de los seres humanos que sufren la injusticia.

Por eso pagó con su vida su compromiso.

Fue detenido por la Gestapo, encarcelado, torturado y finalmente ejecutado. Sin embargo, ni las cadenas ni la tortura consiguieron silenciarlo. Desde la prisión escribió clandestinamente sus reflexiones, posteriormente reunidas bajo el título Reportaje al pie de la horca, or Al Pie del Patibulo para otros, convertido en uno de los grandes testimonios de la resistencia antifascista.

Su ejemplo demuestra que pueden encarcelar al periodista, destruir sus instrumentos de trabajo e incluso arrebatarle la vida, pero no necesariamente pueden matar las ideas que ha sembrado.

EL PERIODISMO FRENTE AL PODER

Hoy, cuando conmemoramos el Día Internacional de los Periodistas, debemos preguntarnos qué significa ejercer esta profesión en una sociedad donde el poder económico tiene una enorme capacidad para influir sobre la información.

Vivimos en una época en la que grandes corporaciones controlan medios de comunicación, plataformas digitales, redes sociales y enormes cantidades de información. La tecnología ha multiplicado las posibilidades de comunicación, pero también ha creado nuevas formas de manipulación.
La mentira puede viajar más rápido que la verdad.

Las noticias pueden convertirse en mercancías. Los algoritmos pueden determinar qué vemos y qué ignoramos. La concentración mediática puede establecer cuáles problemas merecen atención y cuáles deben permanecer en silencio.

En este escenario, el periodista no puede convertirse en simple repetidor de comunicados oficiales, vocero de intereses empresariales ni instrumento de propaganda del poder.

El periodismo digno debe conservar su capacidad de preguntar.
Debe investigar.
Debe incomodar.
Debe denunciar.
Debe colocar el interés público por encima de los intereses particulares.

LA PALABRA COMO ARMA

Fučík nos enseñó que la palabra puede convertirse en una poderosa arma de resistencia.

No hablamos de un arma para destruir seres humanos, sino de la palabra como instrumento para desenmascarar la injusticia, defender la dignidad y despertar la consciencia.

El periodista que investiga la corrupción está haciendo periodismo.

El que denuncia la explotación de los trabajadores está haciendo periodismo.

El que visibiliza a los pobres, a los migrantes, a las comunidades abandonadas y a quienes no tienen voz está haciendo periodismo.

El que cuestiona los abusos del poder está haciendo periodismo.

Y también hace periodismo quien se niega a transformar la profesión en un negocio donde la verdad pueda comprarse al mejor postor.

NO TODOS LOS SILENCIOS SON IGUALES

En nuestros tiempos existen formas sofisticadas de censura.

No siempre se necesita cerrar un periódico o encarcelar a un periodista.

A veces basta con retirar la publicidad.
Otras veces se utiliza la amenaza judicial.
También existe la presión política, económica y empresarial.

Y en la era digital aparece otra forma de control: la inundación de información falsa para hacer imposible distinguir la verdad de la mentira.

Por eso la defensa de la libertad de prensa no puede reducirse a defender únicamente la libertad de los grandes propietarios de medios.

Hay que defender, sobre todo, el derecho de los pueblos a estar informados y el derecho de los periodistas a investigar sin presiones ni represalias.
La libertad de expresión debe ser un derecho ciudadano, no un privilegio de quienes poseen capital suficiente para controlar grandes medios.

FUČÍK Y LOS PERIODISTAS DE HOY

Recordar a Julius Fučík no significa convertirlo simplemente en una figura histórica.

Significa preguntarnos qué haríamos nosotros si algún día la verdad que debemos publicar incomodara demasiado a quienes tienen poder.
¿Qué haríamos frente a la censura?

¿Qué haríamos frente a la corrupción?
¿Qué haríamos cuando un empresario, un funcionario o un gobierno intentara comprar nuestra consciencia?
¿Qué haríamos cuando publicar una verdad tuviera un costo personal?
Ahí comienza la verdadera dimensión ética del periodismo.

Porque ser periodista no consiste solamente en tener una tarjeta de prensa, aparecer frente a una cámara, escribir una columna o conducir un programa de radio o televisión.

Ser periodista es asumir una responsabilidad frente a la sociedad.

Y esa responsabilidad exige principios.

PERIODISMO Y COMPROMISO SOCIAL

En América Latina y en República Dominicana en particular, el periodismo tiene una larga tradición de hombres y mujeres que comprendieron que informar también podía ser una forma de luchar por la soberanía, la democracia y la justicia social.

José Martí entendió el poder de la prensa como instrumento de educación y emancipación.

Rodolfo Walsh demostró que investigar podía significar desafiar a una dictadura.

Julius Fučík llevó esa responsabilidad hasta las últimas consecuencias frente al fascismo.

No todos los periodistas tendrán que enfrentar una dictadura, una cárcel o un pelotón de fusilamiento. Pero todos, en algún momento, tendremos que decidir si nuestra pluma sirve a la verdad o a los intereses del poder.

Esa es la batalla cotidiana.

CONTRA EL PERIODISMO DESCARTABLE

El capitalismo contemporáneo ha intentado convertir muchas profesiones en mercancías. El periodismo tampoco escapa a esa lógica.

Cuando la noticia se mide únicamente por los clics, la audiencia o la rentabilidad, existe el peligro de que desaparezca el sentido social de la profesión.

El periodista puede terminar persiguiendo el escándalo en lugar de investigar las causas.

Puede privilegiar el espectáculo sobre la verdad.
Puede convertirse en protagonista de la noticia en lugar de ser su investigador.

Frente a eso debemos reivindicar un periodismo profesional, crítico, ético, investigativo y comprometido con la sociedad.

Un periodismo que no tenga miedo de mirar hacia arriba cuando el poder abuse de los de abajo.

EL LEGADO

Julius Fučík murió, pero su palabra sobrevivió.
Ese es quizás uno de los mayores triunfos del periodista comprometido: la muerte puede silenciar una voz, pero no necesariamente puede detener una idea.

Por eso, en este Día Internacional de los Periodistas, nuestro homenaje no debe limitarse a colocar una flor sobre la memoria de Fučík.

El mejor homenaje consiste en asumir su legado.
Defender la verdad.
Combatir la mentira.
Investigar al poder.
Defender la libertad de prensa.
Defender a quienes no tienen voz.

Y comprender que el periodismo, cuando está al servicio de la dignidad humana, puede convertirse en una herramienta de transformación social.

Hoy, frente a las nuevas formas de censura, manipulación y concentración del poder mediático, necesitamos periodistas que no confundan independencia con indiferencia.

Necesitamos periodistas libres, pero también valientes.
Libres para preguntar.
Valientes para investigar.
Firmes para denunciar.
Y comprometidos para no convertir la verdad en mercancía.

Julius Fučík escribió desde el lugar donde el fascismo pretendía condenarlo al silencio.

Hoy nosotros escribimos desde un mundo diferente, pero la batalla por la verdad continúa.

Que su ejemplo nos recuerde que el periodismo no nació para arrodillarse ante el poder, sino para servir a la sociedad y defender la verdad.

¡HONOR Y GLORIA A JULIUS FUČÍK!

*Julio Disla, Periodista, escritor e historiador

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