spot_img
30.6 C
Santo Domingo
jueves, julio 16, 2026
spot_img
InicioOPINIÓNDe conspiraciones públicas e inversiones privadas

De conspiraciones públicas e inversiones privadas

-

Por Milton Olivo

Había una vez un pueblo humilde y olvidado llamado Pedernales. No era un pueblo cualquiera. Tenía playas preciosas, montañas verdes, ríos cristalinos y una ubicación privilegiada frente al mar. Los viajeros que llegaban desde lejos decían que aquel lugar parecía un pedazo del paraíso.

Las calles estaban llenas de casas deterioradas. El desempleo era masivo. Los jóvenes emigraban porque no encontraban empleo. Todos coincidían en el diagnóstico: «Aquí no hay oportunidades.»

El gobierno de cambio un día se propuso desarrollarlo. Posteriormente, aparecieron grupos de inversionistas con proyectos. Querían construir hoteles, restaurantes, marinas, parques, carreteras, centros comerciales y viviendas turísticas. Traían arquitectos, ingenieros, financiamiento y la experiencia de haber levantado destinos exitosos en otros lugares.

Pero antes de colocar el primer ladrillo comenzaron las críticas entre comentaristas, políticos opositores. Comenzaron a repetir:

—»Quieren quedarse con las playas.»
—»Seguro detrás hay interés
—»Los ricos siempre ganan.»
—»Eso es una conspiración de grupos de intereses con el gobierno de cómplice.»
Entonces, en una reunión local, un anciano del pueblo pidió la palabra. Miró a todos y preguntó:
— ¿Qué prefieren ustedes? ¿Qué dentro de veinte años este pueblo o región, siga exactamente igual o que se parezca a Punta Cana?

El silencio fue absoluto. El anciano continuó. Lo que cambió a Punta Cana fue la inversión. La inversión convirtió montes en carreteras. Arena en aeropuertos. Playas vacías en destinos turísticos. La construcción creó miles de empleos.

Luego llegaron los hoteles. Después los restaurantes. Los taxistas. Los artesanos. Los agricultores comenzaron a vender alimentos. Los pescadores encontraron nuevos mercados. Los músicos. Los guías turísticos. Los pequeños negocios. Una inversión grande terminó alimentando cientos de inversiones pequeñas.

El anciano respiró profundamente y lanzó otra pregunta.

—¿Puede cualquier persona construir un proyecto como Punta Cana?

Todos movieron la cabeza. No.

Porque levantar un proyecto de miles de millones requiere algo que muy pocos poseen; Capital. Acceso al crédito. Experiencia internacional. Capacidad para asumir enormes riesgos.

Entonces volvió a preguntar.

—Si solo unos pocos tienen la capacidad de hacer inversiones de esa magnitud, ¿No sería inteligente crear las condiciones para que inviertan aquí y no en otro lugar?
El silencio se hizo todavía más profundo. Uno de los jóvenes respondió.
—Pero ellos ganarán dinero.
El anciano sonrió.
—Claro que ganarán dinero.

Y eso es precisamente lo que hace posible que arriesguen su capital. Lo importante no es que ganen. Lo importante es preguntarse si mientras ellos ganan… también gana el pueblo.

Si aparecen miles de empleos. Si aumentan los ingresos de las familias. Si mejoran las carreteras. Si se construyen escuelas. Si llegan hospitales. Si el comercio florece. Si los jóvenes ya no tienen que emigrar. Entonces todos ganan.

Porque la riqueza no es un pastel fijo donde uno solo puede comer. La verdadera riqueza se crea. Y cuando se crea, puede beneficiar a miles. El anciano hizo una pausa antes de terminar.

—Hay una enfermedad que destruye más oportunidades que la falta de dinero.

Es la costumbre de ver conspiraciones donde solo existen inversiones. Es pensar que todo empresario es un enemigo. Que el gobierno es su cómplice. Que toda empresa es una amenaza. Que todo proyecto es un engaño.

Mientras unos países compiten por atraer inversiones, otros las espantan. Y cuando el capital se marcha… también se marchan los empleos. Las oportunidades. Y la esperanza.

Pasaron veinte años. Pedernales ya no se llamaba así. Ahora era uno de los principales destinos turísticos del país. Los hijos de quienes antes emigraban ahora administraban hoteles.

Muchos eran chefs. Otros arquitectos. Otros diseñadores. Muchos habían abierto pequeños negocios que jamás habrían existido sin la llegada de visitantes.

Los artesanos vendían sus obras. Los agricultores abastecían hoteles. Los pescadores abastecían restaurantes. La riqueza comenzó a circular por toda la comunidad.

El anciano ya no estaba. Pero Pedernales, estaba transformado en un Polo Turístico generando oportunidades para todos.

…..Quizás ese sea uno de los grandes desafíos de nuestras sociedades: abandonar la idea de que toda inversión es una amenaza y comprender que el desarrollo sostenible requiere una alianza entre un Estado que establezca reglas claras, una sociedad que participe y vigile, y un sector privado dispuesto a invertir y asumir riesgos.

La historia demuestra que los países que han logrado transformar regiones olvidadas en polos de prosperidad no lo hicieron sembrando desconfianza permanente, sino creando confianza para que el trabajo, la innovación y la inversión produjeran resultados.

Al final, los gobiernos y los estadistas no permanecen en la memoria por los discursos que pronunciaron, sino por las oportunidades reales que ayudaron a construir para las generaciones futuras.

El autor es el creador de la visión Quisqueya Potencia y promotor de la Revolución Cultural Productiva, una propuesta para transformar la República Dominicana mediante el emprendimiento, la innovación, la producción y el aprovechamiento sostenible de sus recursos.

Compartir

Te puede interesar