¿Pagar 280 dólares para obtener una ‘green card’ online y recibirla en casa en dos días? La oferta parece tentadora para el indocumentado que necesita con urgencia alguna clase de documento, pero se trata de una práctica ilícita.
Poseer una tarjeta de residente legal –conocida como ‘green card’– es crucial en la vida de un inmigrante en Estados Unidos. Ese documento da derecho a trabajar libremente para cualquier empleador y en cualquier lugar, da acceso a beneficios como el Seguro Social y el seguro médico subsidiado, permite entrar y salir libremente del país, da a sus titulares la posibilidad de reunificación familiar para ‘pedir’ a ciertos familiares muy cercanos y, tras cierto tiempo, abre la puerta a la ciudadanía.
Todo ello, claro está, para quien tiene una ‘green card’ real, auténtica, obtenida luego de un largo, costoso y a veces difícil proceso de trámites, requisitos y comprobaciones legales.
Pero una tarjeta de residencia falsa ofrece, a veces, ciertos beneficios a quienes se atreven y compran una (para muchos indocumentados una green card falsa es la forma de saltarse regulaciones y requisitos para conseguir un empleo) y esa necesidad alimenta un amplio mercado negro e importantes ganancias para quienes falsifican y venden ese y otros documentos.
El portal Vice realizó una inmersión en ese mundo de la venta de tarjetas de residencia falsas y detectó algunas circunstancias singulares en un negocio clandestino que no es nuevo, pues ha existido por décadas y es parte de una trama mayor que incluye el robo de identidad y la producción y venta de todo tipo de documentos falsos.
Por ejemplo, su investigación detectó personas que ofrecen a través del correo electrónico tarjetas de residente falsas a módicos precios: 180 dólares más 55 extra por el envío (que supuestamente demorará cuatro días), o los 280 dólares ya mencionados por una entrega expedita “garantizada” en dos días.
Y como este caso habría muchos más con diferentes precios y calidades. Por ejemplo, en Queens, Nueva York, los falsificadores anuncian su oferta de “papeles” del mismo modo en que ofrecen reproducciones de bolsos de afamadas marcas y diseñadores. Y en multitud de ciudades donde existe población indocumentada se dan casos similares.
El problema para quienes interactúan con esos falsificadores no es solo que podrían pagar y no recibir nada a cambio (una forma de engaño contra la que no tienen mucha capacidad de reacción) sino porque el producto recibido, además de ilegal, puede ser inútil.
Para ejemplificarlo Vice cita el caso de una inmigrante europea que obtuvo una ‘green card’ falsa para solicitar empleo en dos restaurantes, pero la rechazaron en ambos lugares: los números de su tarjeta falsa ya habían sido presentados por otras personas anteriormente. Esa ‘green card’ resultó ser un doble fraude, y muchos acaban comprando documentos con los mismos números que otros, evidenciándose de manera aún más notoria su falsedad.
Por Jesús Del Toro



