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domingo, agosto 16, 2026
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El sombrío futuro de la humanidad

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Por Manuel Vólquez

Los devastadores terremotos que están surgiendo en el mundo son para preocuparse. En la República Dominicana, esas sacudidas provocarían un caos dada la fragilidad de las mayorías de infraestructuras que alojan a millones de personas (viviendas unifamiliares, gigantescas torres de apartamentos, plazas comerciales o las edificaciones viales como puentes vehiculares o elevados peatonales, túneles y otros). Los sismos son más frecuentes ahora motivado al cambio climático, una actividad promovida principalmente por la humanidad irracional a partir de la Revolución Industrial en el siglo XIX, cuando el uso masivo de carbón, petróleo y gas natural comenzó a liberar grandes cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Esa práctica nefasta aún se mantiene, pese a que ha sido un tema de debate en asambleas de la incompetente y desobedecida ONU.

Tememos en progreso a una eventual destrucción que se está mostrando en forma de guerras, catástrofes naturales, enfermedades, hambre y otros fenómenos. Bastaría con examinar un ligero recuento periodístico para entender lo que está sucediendo y tener en cuenta que los terremotos, con sus aliados tsunamis, representan una amenaza secuencial que no debemos ignorar y que continuarán su agitada agenda global impulsados por el acelerado cambio climático. En 2026, varios sismos de gran magnitud entre 7,2 y 7,8 grados en la escala Richter han impactado el mundo, destacando los de Venezuela (24 de junio), Filipinas (7 de junio), Japón (28 de julio), Indonesia (1 de abril), Colombia (10 de agosto), México (17 de julio), Afganistán (3 de abril), Tonga, en el Océano Pacífico Sur en la Polinesia (24 de marzo), dejando miles de víctimas y daños significativos.

El brillante físico británico Stephen Hawking, antes de morir en el 2018, dejó bien claro el futuro que le espera a nuestro planeta dejando predicciones sombrías sobre posibles desenlaces catastróficos. Precisó que el colapso planetario se acortaba debido a las tensiones geopolíticas y la aceleración industrial responsable del denominado efecto invernadero. Uno de sus pronósticos fue que el planeta Tierra podría transformarse en una gigantesca bola de fuego para el año 2600 y alertó que con el cambio climático, los impactos de asteroides, las epidemias y el crecimiento de la población, el planeta sería cada vez más precario y que podría alcanzar un punto crítico que se vuelva inhabitable por el calor. Además, dijo que el aumento desmesurado de la población mundial podría llevar a una eventualidad descontrolada.

En 2014, expresó preocupaciones sobre el desarrollo de la inteligencia artificial porque a su juicio podría significar el fin de la raza humana. Dijo que “los humanos, que están limitados por una evolución biológica lenta, no podrían competir y serían superados”. Algunos investigadores le han dado la razón pues consideran que una inteligencia artificial extremadamente avanzada podría convertirse en un riesgo catastrófico basada en la hipótesis de si sus creadores no puedan detenerla (los robots, por ejemplo).

De 12 teorías sobre el fin del mundo, que los científicos no descartan por completo, pienso en las cuatro más tenebrosas. La primera: aquella que predice la caída de un gigantesco asteroide que podría generar incendios continentales, terremotos, tsunamis y una nube de polvo capaz de bloquear la luz solar. Segunda: el calentamiento global generado por el cambio climático elevaría el nivel del mar debido al deshielo de los glaciares. Ese evento multiplicará las sequías, los incendios e inundaciones. La tercera: el surgimiento de una guerra nuclear que provocaría millones de muertes, además de contaminación radioactiva y la destrucción de ciudades completas. La cuarta: en 5,000 millones de años el Sol se transformará en una gigante estrella roja. En esta etapa aumentará su tamaño y luminosidad, y podría tragarse a los planetas más cercanos, como la Tierra, Mercurio y Venus.

Los ambiciosos e irresponsables líderes mundiales no le hacen caso a esas predicciones. Las series y películas de ciencia ficción, los documentales de la televisión, nos ofrecen ideas sobre el sombrío futuro de la humanidad. Recomiendo verlas. Por suerte, no estaremos vivos para sufrir esa hecatombe.

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