Por Manuel Hernández Villeta/ A Pleno Sol

La Junta Central Electoral tiene un gran trabajo por delante. Es su obligación organizar y ejecutar unas elecciones libres y democráticas. Desde ahora, tiene la posibilidad de escuchar las quejas y someterlas a la opinión del plenario.

La JCE no puede dejar de escuchar las peticiones de los partidos políticos, sean de oposición o del oficialismo. Todos tienen que ser atendidos en sus quejas. Eso no quiere decir que el organismo se tiene que doblar ante las opiniones externas.

La democracia se basa en que todos tienen el derecho a la protesta y a someter a las instancias correspondientes. Nada es verdad, ni nada es mentira, hasta que el pleno de la JCE dictamina la sentencia de rigor.

El sector oficial y la oposición tienen que comprender que la democracia no es el tremendismo. Se tiene que ir de frente a la solución de los problemas, sin amenazas y sin prepotencias. El derecho a impugnaciones y petición de cambios de ejecutorias se puede utilizar, sin abusar de él.

Las elecciones tienen su propia dinámica. Se compran y se venden conciencias, de acuerdo a las apetencias de cada cual. El falso concepto de la democracia lleva a los ciudadanos a que piensen que es fácil cambiar de chaquetas, en base al dinero que se ofrece.

La compra de candidatos o de simples militantes, es una aberración del sistema. Lo hacen todos los partidos. Se ofrece y se entrega lo que se tiene a mano. Desde luego el oficialismo tiene mayores recursos en esa pugna. Tenemos que volver a la política de conciencia, y no ir al mercado a comprar inmundicias.

Difícil transitar por caminos que debieron ser llenados por una faceta ideológica que hoy no existe. Sin embargo, solo la existencia de partidos políticos fuertes, puede garantizar la supervivencia de la democracia.

Es execrable el fomenta del clientelismo, utilizando a masas amorfas que sufren en la más terrible de las miserias. Sin esa marginalidad social no sería posible que se vendan conciencias al por mayor. Una mejoría sustancial de los niveles de vida de la población, es la mejor garantía del fortalecimiento de la democracia.

Todos tienen que aportar por el orden democrático, En este estante, le toca la responsabilidad a la JCE de marcar el camino. De escuchar y actuar. De no permitir excesos, pero tampoco dejar de cumplir con sus obligaciones por desidia, por temor o por parcialidades. ¡Ay!, se me acabó la tinta.