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Fuerza del Pueblo: ¿oposición o espera?

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Por Alberto Quezada

A menos de dos años de las elecciones de 2028, la Fuerza del Pueblo enfrenta una paradoja política: quiere desplazar al PRM del poder, pero todavía debe demostrar que tiene la energía, el discurso y la determinación para convertirse en una verdadera alternativa de gobierno.

Mientras el país reclama respuestas, la oposición de Leonel Fernández parece debatirse entre denunciar los problemas del oficialismo y esperar que su desgaste le abra las puertas del poder. Pero en política, esperar que el adversario pierda no es lo mismo que convencer al país de que uno merece gobernar.

La oposición no se mide por la cantidad de declaraciones, críticas o actividades partidarias, sino por su capacidad de convertir las preocupaciones ciudadanas en propuestas concretas.

El alto costo de la vida, la inseguridad, los apagones y el deterioro de los servicios públicos exigen algo más que denuncias: requieren soluciones creíbles. El descontento con el Gobierno no representa un cheque en blanco para la oposición, y confundir ambas cosas puede convertirse en un costoso error político.

El liderazgo de Leonel Fernández constituye uno de los principales activos de la Fuerza del Pueblo, pero también plantea el desafío de construir una dirección colectiva, renovar sus cuadros y proyectar nuevas ideas.

La presencia pública de Omar Fernández abre el debate generacional, aunque la renovación de un partido no puede descansar exclusivamente en la popularidad de una figura. Una organización que aspira a gobernar necesita equipos, propuestas y una visión de país que trascienda a sus principales dirigentes.

A ello se agregan las tensiones internas que han trascendido públicamente. Las diferencias son normales, pero cuando las disputas por posiciones y espacios desplazan la agenda nacional, la imagen de cohesión y capacidad de gobierno puede resentirse. Lo mismo ocurre cuando la competencia con el PLD por el liderazgo opositor consume más energías que la construcción de una alternativa. La ciudadanía necesita saber qué propone cada organización, no solamente quién pretende encabezar la oposición.

El tiempo que resta antes de las elecciones debe aprovecharse para presentar un programa reconocible, discutir soluciones a los principales problemas nacionales y establecer compromisos verificables. La Fuerza del Pueblo necesita pasar de la denuncia a la propuesta y de la actividad partidaria a una conexión efectiva con la sociedad. De lo contrario, corre el riesgo de confundir presencia política con capacidad real de movilización y descontento ciudadano con respaldo propio.

El poder no se conquista por herencia del desgaste ajeno, sino convirtiendo la frustración en esperanza, las críticas en propuestas y la estructura partidaria en una fuerza capaz de movilizar voluntades. La Fuerza del Pueblo puede aspirar legítimamente a gobernar, pero debe demostrar por qué representa una alternativa convincente para el país. De lo contrario, podría llegar a 2028 con dirigentes, discursos y aspiraciones presidenciales, pero sin haber encendido la llama de una verdadera alternativa nacional.

La pregunta queda planteada, sin rodeos: ¿está la Fuerza del Pueblo preparándose para conquistar el poder o confiando demasiado en que el PRM se lo ponga en las manos?

El autor es periodista, analista político y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo, quezada.alberto218@gmail.com

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