No estaba muerto, ni de parranda, estaba en el Darío, trabajando

Darío Contreras
No estaba muerto, ni de parranda, estaba en el Darío, trabajando

Por Genris García

Fotos y Vídeo

SANTO DOMINGO ESTE.- César Pérez, no estaba muerto, ni de parranda, estaba trabajando en el hospital Dr. Darío Contreras, hasta dónde llegaron dos mujeres exaltadas por su ausencia.

Era la tarde de Navidad, y como siempre, César, quien se desempeña como camillero en el hospital, estaba en su labor cotidiana, movilizando pacientes con heridas, fracturas y laceraciones dejadas por incidentes de tránsito y riñas que dejaron las parrandas de ese día.

Sin embargo, las dos mujeres se desplazaron desde el barrio Katanga, en Los Mina.

Estaban muy preocupadas ya que después de la cena de Nochebuena, no volvieron a ver a César quien salió en su pasola (motocicleta) a darse unos traguitos.

Las damas llegaron a la puerta de la emergencia dónde como es natural la atendieron los encargados de la seguridad.

Querían entrar a ver si encontraban a César, pero no la dejaron pasar.

El encargado del área quien después que lo describieron le dijo que él estaba trabajando desde temprano porque en estos días se requiere un personal extra.

La señora de más edad estaba más angustiada y no se quedaba tranquila.

Su preocupación aumentó cuando vio como llevaron a Johan y a Molongo, dos jóvenes vecinos de su barrio que chocaron de frente sus motocicletas y llegaron en malas condiciones.

Sus voces se alteraron y la seguridad la tranquilizaba con la misma calma que todos los días enfrentan situaciones similares.

A la señora mayor el corazón le volvió al pecho cuando alcanzó a ver a César asomarse empujando una camilla vacía.

La mujer no se contuvo y le fue encima, pero el camillero la esquivó y al parecer evitó que se le pegaran los nudillos de aquellas manos labradas por los años.

Les decían que estaban preocupadas por él porque salió y no volvió a la casa.

César le explicaba que se fue al Darío porque tenía que trabajar temprano y no le gusta faltar a su trabajo.

“Es que él salió y hasta el casco protector se lo robaron y nosotras no sabíamos si le había pasado algo”, insistía la de más edad.

La otra mujer, mucho más joven también le reclamaba, pero con menos vehemencias.

Los testigos de aquella escena se preguntaban cuál es el vínculo real del camillero con las damas, pero sus preguntas no encontraron respuestas.

Las dos damas de Katanga volvieron a su casa, más tranquila al encontrar a su amigo sano y salvo en el Darío, suerte que no tienen muchos en estos días de francachelas desenfrenadas para algunos.

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