Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Juan Pablo, desde el pedestal de bronce donde lo colocaron los que no creyeron, ni creen ni practican sus ideale3s, tiene que dar un puñetazo en la mesa. Levantar la moral para luchar contra las injusticias, la exclusión, el hambre y la miseria que cierran el camino al desarrollo.

Juan Pablo no puede seguir encerrado en el granito, fuera de la difusión de su idea libertaria, prohibido para la libre enseñanza de los niños, y siendo un día festivo para bebentinas y jolgorios. Si no rescatamos a Juan Pablo, no podremos ser un país libre y soberano.

La sociedad dominicana luce petrificada en el tiempo. El que no se renueva, muere. Vivimos en permanente crisis de valores, en avances económicos desiguales, en temores al crimen organizado y desorganizado, mientras la corrupción parece ser el estandarte de la vida partidista.

La lucha tiene que continuar, pero de acuerdo a las necesidades del siglo 21. Puede ser que los métodos varíen, pero los principios deben ser la seriedad, la pulcritud, el respeto, el amor a la patria y vivir en un pequeño mundo de igualdad para todos, sin discriminación `por la ropa de paca, o el origen de batey.

Duarte es el gran idealista que dio forma a esta república. Está presente. Los grandes hombres de la historia nunca mueren. Su ejemplo y su mensaje redentor siempre están presentes. Pero Duarte ha sido un olvidado por siempre. Una pieza que se guarda en una gaveta y se saca cuando beneficia a intereses personales.

La Independencia Nacional sigue inconclusa. En el 1844 se dio el paso al frente con los mosquetes en las manos. Se echó al interventor haitiano, pero las luchas intestinas dejaron a trunco el proceso independentista. Juan Pablo Duarte era el más puro y combativo de los Trinitarios, levantando la idea de una patria libre y soberana.

Vamos a luchar por la gran Independencia Nacional, a continuar la brega que inicio Juan Pablo Duarte, y que tan pronto como en el 1844 las divisiones dieron al traste con la idea emancipadora. A retomar los caminos y a luchar brazo en alto, para que se imponga la libertad, la independencia y la soberanía.

Duarte está vivo, porque los ideales no han muerto. Duarte es la República Dominicana y mientras haya Patria estará con nosotros. Sus ideales hay que reivindicarlos, levantarlos y tenerlos como norma de conducta.

Duarte es cada uno de los dominicanos que lucha por un mejor país, por lograr el desarrollo, por poner fin al analfabetismo, el patricio está ahí día a día, a pesar de que muchos han intentado sepultarlo y convertirlo solo en un pieza de bronce para ser exhibido en fechas especiales.

Los dominicanos necesitan tener un encuentro con Juan Pablo Duarte. No con el rostro idealizado en el bronce y el mármol, sino con el idealista, el que a golpe de infortunios tuvo la verticalidad de luchar por la fundación de una república libre y soberana. ¡Ay!, se me acabó la tinta.