Transfuguismo o sobrevivencia

Por: Redacción

Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

Con el calentamiento de la actividad partidista, a más de dos años de la celebración de las venideras elecciones, surge el fantasma de lo que muchos llaman transfuguismo, que de hecho se da en la sociedad dominicana como manifestación de oportunismo.

La política local no pasa de ser la forma de vida de muchos que la asumen como derrotero ocupacional y de arribismo. Sin ninguna carga de distanciamiento ideológico, para el participante en el partidismo es normal el cambio de chaqueta.

De hecho, a la vida política se va a conseguir un cargo, administrativo o electivo, y cuando el grupo donde se está da muestras de cansancio o de que no tiene fuerzas para llegar, es la hora del abandono.

En la política de hoy nadie piensa en crear una fuerza con sólidas bases para ganar. Es más fácil buscar la oportunidad y saber dar el salto a tempo. No se trata de querer destruir un partido, es que nadie tiene posesión de sus miembros.

Hoy el margen es todavía más delicado, porque ya no existe el partido como estructura sólida, sino que se da la lucha de las tendencias, donde cada cual trata de conseguir posiciones en desmedro de sus mismos compañeros.

El partidista de hoy no piensa en variantes ideológicas, ni en cambios sociales, solo en el salto personal de la miseria a la abundancia, es como dice el estribillo: llegar en chancletas e irse en yipetas.

Cuando uno pasa revista a los últimos 40 años de la vida política nacional tiene que llegar a la conclusión de que se escenificó un retroceso. Nadie defiende el bien común, ni tiene en su línea de trabajo la lucha por los irredentos.

Hace un tiempo muy largo, ya hoy olvidado, la juventud de ese entonces trató de cambiar su mundo y el futuro del país, pero fueron momentos de dura represión y solo conoció el atropello y la barbarie. Muchos le dicen despóticamente la generación perdida, debido a que no alcanzó metas.

La juventud de hoy no está metida en ese proyecto de variantes sociales, que son casi obligatorios si se quiere un verdadero desarrollo nacional. El viraje a lo colectivo fue cambiado por el salto individual. El oportunismo se impone al sacrificio.

Mientras más se acerquen las elecciones, una mayor cantidad de dirigentes y masas van a emigrar. Es su línea de supervivencia. Siempre estar con el que va a llegar. Es como si llevaran en la frente una vieja frase del más nauseabundo tinglar social: ¡prohibido joderse!

Todavía tenemos confianza en la juventud, en las fuerzas vivas del país. Hay espacio para la mejoría y el desarrollo. Hay que romper las barreras de la exclusión. El momento tiene vientos desfavorables, pero siempre hay un rinconcito para soñar despierto, sabiendo que es inexorable la marcha de la historia y sus devaneos. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

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