Por Daniel García Santana/MI VOZ

República Dominicana, como otros países, ha sido golpeada en los últimos años por la inflación provocada por choques externos, como la pandemia del Covid-19 y la guerra entre Rusia y Ucrania.

Por esa razón, y pese al reconocido buen manejo de la economía del gobierno del presidente Luis Abinader, integrantes de grupos sociales, como la clase media, han visto reducir su capacidad de compra.

Ahora se plantea la necesidad de realizar una reforma fiscal para mejorar los ingresos del Estado, utilizados para la ejecución de obras sociales.

El peso de la necesaria reforma fiscal no debe recaer en la clase media, que en la actualidad aporta demasiado recursos al Estado a través de los impuestos Sobre la Renta a los salarios y a la Transferencia de Bienes Industrializados y Servicios, así como por la compra de combustibles y otros.

El Gobierno debe apuntar hacia la reducción o eliminación de subsidios a las grandes empresas, la formalización de más pequeñas y medianas empresas y la disminución de la evasión y elución fiscal.

Sabemos que es vital apoyar a las empresas y a los sectores de escasos recursos en tiempo de crisis, como la pandemia del Covid-19, el alza de fletes en China y los trastornos provocados en el mercado internacional por la guerra entre Rusia y Ucrania, para mantener la estabilidad social y económica, como lo ha hecho de forma estratégica e inteligente el gobierno del presidente Luis Abinader. Pero ya es tiempo de revisar cuáles ayudas deben continuar, reducirse o eliminarse.

Otros de los puntos a incluir en la reforma fiscal integral, sería la continuación de la mejoría de los gastos del Gobierno y de otras instituciones estatales.

Un avance ideal para la estabilidad y el desarrollo nacional sería proponernos como meta a mediano y largo plazo, la elaboración de presupuestos nacionales sin déficit fiscal o con superávit, para obtener ahorro, en vez de utilizar la vía de los recursos externos para la realización de obras sociales. Hagamos un pacto político y social para “arroparnos hasta donde nos alcance la sabana”.

Por suerte, tenemos un presidente de la República que escucha a los sectores sociales para tomar decisiones tan trascendentales para el país, como es una reforma fiscal, que esperamos sea para el bien común.