Por Leonardo Cabrera Diaz
¡Ah, ¿con que te has creído
que tener un corazón es algo exclusivo de ti?
Entérate de que no es así.
Déjame decirte que yo también tengo uno,
que sufre y llora tanto o más que el tuyo;
ese que a veces siento que va a estallar
y partirá en dos mi pecho.
El que insiste y persiste preguntándome por ti,
a pesar de que lo dejaste en pedazos y maltrecho;
lleno de angustias, casi muerto,
sin ánimo y sin aliento.
Mi corazón, que no coge cabeza,
no razona; que día y noche solo en ti piensa,
porque de tu hermosa sonrisa
y tu dulce mirada…
quedó preso en un laberinto sin salida,
donde mi única condena y mi único consuelo,
es seguir amándote, así me cueste la vida.
Con Dios siempre, a sus pies.



