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sábado, noviembre 7, 2026
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La victoria se organiza

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Por Francisco Luciano

En la historia electoral dominicana bajo el sistema de doble vuelta, la oposición ha ganado la presidencia en tres ocasiones: Hipólito Mejía en 2000, Leonel Fernández en 2004 y Luis Abinader en 2020. En ninguno de esos casos existió una alianza formal a nivel presidencial entre las dos principales fuerzas opositoras del momento. En 2004, Leonel Fernández derrotó al oficialismo desde la oposición con el 57,11 % de los votos, mientras el PRSC —la otra fuerza opositora relevante— presentó un candidato propio y obtuvo apenas el 8,65 %. No hubo pacto formal entre ambos. La opción opositora con mayor nivel de simpatías concentró el voto de rechazo y ganó.

Ese patrón no es una casualidad. Cuando el oficialismo se desgasta por la carestía, el deterioro de los servicios y el aumento de los subsidios (el caso eléctrico es el más visible), el electorado castiga y busca la alternativa más creíble. Entre 2020 y 2024, Leonel Fernández pasó del 8,90 % al 28,85 %. Ese crecimiento no fue accidental: reflejó la consolidación de la Fuerza del Pueblo como la principal opción opositora. Con el PRM en desgaste por su mal ejercicio del poder, la FP en ascenso ganará indefectiblemente el 21 de mayo de 2028 en primera o segunda vuelta, con o sin una alianza formal con otra fuerza.

Pero la historia también enseña que la simpatía se convierte en votos solo cuando hay organización. Las victorias opositoras de 2000, 2004 y 2020 no se construyeron en los últimos meses de campaña; se forjaron en el trabajo territorial, en la fidelización de la militancia y en la capacidad de convertir simpatizantes en votos. Por eso, el camino hacia 2028 no pasa por esperar un pacto ni por especular sobre escenarios. Pasa por cumplir cinco metas de trabajo para convertir a la Fuerza del Pueblo en la fuerza más organizada del país.

Primero, consolidar las estructuras. No se trata solo de tener comités, sino de que funcionen: que se reúnan, que tengan planes, que rindan cuentas y que estén presentes en cada barrio y comunidad. Una estructura sólida es la que convierte la simpatía en votos el día de las elecciones.

Segundo, captar nuevos socios y fidelizar a los ya inscritos. El crecimiento entre 2020 y 2024 demostró que hay margen de mejora. Cada nuevo miembro es un voto potencial y un multiplicador. Pero la fidelización importa tanto como la captación: un militante activo vale más que diez inscritos inactivos.

Tercero, llevar a la militancia, sus familias y simpatizantes a tramitar sus cédulas. El voto se ejerce con cédula. Quien no esté cedulado no cuenta. Esta meta es concreta, medible y de alto impacto. Cada persona que se cedule por el trabajo de la Fuerza del Pueblo representa un voto asegurado.

Cuarto, aumentar de manera sostenida la captación financiera. Las campañas también se ganan con recursos. No se trata de depender de un solo financista, sino de construir una base amplia de aportes que permita la autonomía y la capacidad de acción. El dinero de la militancia y de los simpatizantes es más sostenible que el de las élites.

Quinto, capacitar a las y los delegados que servirán en los colegios electorales y pactar las reglas del juego para la elección de los candidatos municipales, sin traumas. Los delegados son los ojos y oídos del partido el día de las elecciones. Un delegado bien capacitado defiende el voto. Al mismo tiempo, las elecciones municipales de febrero son la antesala. Si la Fuerza del Pueblo llega unida a esas elecciones, con candidatos escogidos sin rupturas internas, llegará fortalecida a mayo. Si llega dividida, debilita la candidatura presidencial.

Estas cinco metas no son eslóganes. Son el trabajo concreto que convierte el patrón histórico en realidad. La victoria de Leonel Fernández el 21 de mayo de 2028 no se construye con alianzas formales que históricamente no han sido necesarias, ni con declaraciones. Se construye con organización, militantes activos, cédulas, recursos propios y unidad interna.

Esa victoria no sería solo un cambio de gobierno. Sería el inicio de una segunda ola de transformaciones democráticas, económicas y sociales que consoliden el Estado Democrático Social y de Derecho: instituciones que funcionen, una economía que genere empleo de calidad, servicios públicos que no se deterioren y una democracia que no dependa del clientelismo. El país ya vivió una primera ola de cambios durante los gobiernos encabezados por Leonel. La Fuerza del Pueblo tiene la oportunidad de iniciar la segunda, más profunda y sostenible.

¡La historia está del lado de la opción opositora más organizada!
¡El trabajo está en nuestras manos!

El autor es docente universitario y dirigente político.

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