Por Danilo Cruz Pichardo

Los resultados de encuestas creíbles dicen que, por el momento, Leonel Fernández y Luis Abinader se proyectan como los dos principales corredores por la Presidencia de la República a través de la contienda comicial a celebrarse en mayo de 2024.

A un año y nueve meses se estima que la campaña indirecta (aunque fuerte, muy activa) que realizan ambos es prematura y se observa un derroche publicitario en medios audiovisuales y en las redes sociales, apelando ambos a la contrapropaganda o campaña sucia. Luis sabe de comunicación, particularmente de periodismo, inclusive distingue perfectamente los distintos géneros, mientras Fernández es un teórico de la comunicación. Aún más: es comunicólogo.

Se informa en los medios que el jefe de Estado redujo el presupuesto al Ministerio de Educación, el cual es por ley, para transferir una partida multimillonaria al capítulo publicidad gubernamental. Al mismo tiempo se contratan asesores internacionales en materia de marketing político.

Un aspecto que se le criticaba a Leone Fernández es su entorno, constituido por personas viejas, algunas de alto rechazo en la opinión pública. Últimamente, sin embargo, ha empezado a rodearse de rostros frescos, de jóvenes de ambos sexos que realizan una significativa labor en las redes sociales. Algo similar hizo Balaguer en la campaña de 1986 y obtuvo excelentes resultados.

Luis Abinader, en cambio, logró deshacerse, por lo menos en apariencia, de los dos funcionarios más impopulares, los cuales son Lisandro Macarrulla y Roberto Fulcar. Y los fines de semana el presidente recorre provincias del país, con una carpeta llena de promesas y da primeros picazos de obras.

Simultáneamente desde palacio hay interés en que el muro fronterizo esté concluido antes de la campaña electoral, aunque hay quienes piensan que el mismo solo va a contribuir a elevar el costo del paso de haitianos, dada la mafia militar que siempre ha operado en el área divisoria. Y para evadir la tarifa, los haitianos, que son todos albañiles, harían túneles.

El pulso prematuro de Luis y Leonel se expresa también en la disputa por los votos del PLD. Desde palacio se gestiona con el MP flexibilizar las medidas con la familia de Danilo Medina. También se piden favores a Luis Henry Molina, el cual muestra mayor receptividad que la propia Miriam Germán. Sin embargo, independientemente de la postura que asuma políticamente Medina, que es estratega y finalmente no se puede anticipar su comportamiento, las encuestas revelan que el grueso de los peledeístas asimila más a Leonel que a Luis. Se habla de una proporción de 80 a 20. Ese es un dato que podría definir una eventual segunda vuelta.

De todas maneras, es prematuro para hablar de definiciones en primera o en segunda vuelta.

Desde palacio se confía mucho en el gobierno supuestamente honesto que implementa Luis Abinader.

Lógico: es mucho más honesto que los cinco períodos del peledeísmo, pero solo una mínima franja del electorado valora ese dato. Los reformistas nunca dejaron de votar por Balaguer por sus crímenes, toda la culpa la atribuían a los comunistas y agitadores. Los peledeístas tampoco rechazan a Leonel por los actos de corrupción que le atribuyen, así como por la centralización de los poderes públicos. Sencillamente son antiperredeístas y ahora antiperremeístas.

Y una alianza entre Danilo y Leonel, lo que evita palacio a cualquier costo, convierte inmediamente a Fernández en candidato puntero. Sin embargo, Fernández jugó en todo momento al desgaste espontáneo del PLD y se reía con la muela de atrás al observar la hemorragia de peledeístas hacia la Fuerza del Pueblo, aspecto que molestó a la cúpula morada, empezando por Danilo Medina.

Lo que más le conviene a Fernández es una alianza formal y rápida. Y pagarla al costo que sea, echando a un lado su elevado ego –en el sentido de que a él es que hay que buscar–, porque la llave final al triunfo podrían tenerla los líderes del PLD.

Todo indica que el PLD está destinado, si decide acudir al certamen del 24 solo, a quedar en tercer lugar y los dominicanos votan para ganar, razón por la cual los partidos que las encuestas atribuyen tercer lugar terminan reduciéndose y alcanzando bajos porcentajes.

La historia electoral, de las últimas décadas, indica que los candidatos mejor posicionados, quedando en tercer lugar, fueron Juan Bosch en 1986, con un 18%; Peña Gómez en 1990, con un 24%; Juan Bosch en 1994, con un 13%; Jacinto Peynado en 1996, con un 15%; y Joaquín Balaguer en el 2000, con un 24%. Otras veces, los que quedan en tercer lugar, han tenido que conformarse con el 5%, para seguir siendo mayoritarios.

Las encuestas creíbles más recientes han llenado de pánico a la gente de palacio. El Presidente de la República hizo lo que no había hecho en algo más de dos años. Llamó a formar una comisión de empleos para los perremeístas y exhortó a los ministros, directores generales y ejecutivos, así como demás funcionarios de alto rango a ofrecer trabajo a los miembros del partido supuestamente oficialista.

Algunos calificarían este anuncio de demagógico o politiquero, pero el suscrito prefiere tildarlo de inoportuno, pues fue algo que debió hacerse en el período de transición, como siempre se estila en un presidente electo que tenga concepto de la gratitud.

Estamos hablando del mismo presidente que descalificó culturalmente a sus compañeros para ocupar puestos públicos. Los mandó a estudiar. Y a los dirigentes de Santiago les advirtió que el Estado no es botín.

El botín lo distribuyó desde el mismo 16 de agosto de 2020 entre los jóvenes ricos de República Dominicana, con altos cargos en la administración pública y en el cuerpo diplomático. No valió que le advirtieran que esos muchachos de la oligarquía son apolíticos y no hacen campaña, que eso era botar los cargos.

Y ahora metido en apuro, ante el pulso político que echa con Leonel, Luis pretende enmendar errores. Ese es un error que no se corrige de esa manera, porque primero debe cambiar su gabinete, poniendo gente de su partido en los altos cargos.

¿Qué tiene que ver Ito Bisonó con vaina de empleo de perremeístas? ¿Qué tienen que ver el gobernador del Banco Central, el administrador del Banco de Reservas, el superintendente de Bancos, el ministro de Hacienda, los ministros de Educación, Salud, Relaciones Exteriores y demás, con empleo para los delegados de mesa del PRM?

Desde la óptica del suscrito, el presidente y aspirante a la reelección muestra desesperación en su carrera con Leonel Fernández, un hombre de una imagen moral muy deteriorada, pero que es un zorro de la política nacional.