Por Alberto Quezada

Uno de los grandes deseos que albergo para este nuevo año 2022 es que todo ese derroche de literatura que está plasmada en los planes estratégicos de los Estados sobre políticas de juventud se haga realidad y ejecute al máximo.

Quiero que en mi país y en el resto de países de América Latina y el Caribe todos esos bellos programas y estrategias de ataque a la exclusión en esa franja tan importante para la sociedad, no sean letra muerta o un simple aspiracional.

Hacemos el planteamiento luego de conocer varios informes del Banco Mundial (BM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre el tema.

Los referidos informes de las reputadas entidades internacionales reiteran la dolorosa realidad de que un 20.3% de la población entre 15 y 24 años en América Latina y el Caribe (ALC) son parte del grupo conocido como “ninis”: jóvenes que no trabajan ni estudian.

No obstante, hay que decir, que esta condición no afecta a todas las regiones del mundo por igual. En los países de alto ingreso existe apenas un 11.2% de “ninis” entre 15 y 24 años. Sin embargo, esta proporción de jóvenes pertenecientes a esta categoría se duplica para el resto del mundo por encima del 22%.

De esta realidad, hay que resaltar, no escapa la República Dominicana ya que entre los años (2015 y 2019) el 20% de la población juvenil son “nini”. Ahora bien, luego de poner en blanco y negro esa preocupante realidad que arrastran la mayoría de los pueblos del Continente, se hace necesario pasar de las palabras a los hechos.

Hay que apostar al desarrollo de políticas inclusivas basadas en un enfoque de acceso a los servicios básicos de educación y salud, apoyo en la transición de la escuela al trabajo, detección temprana de jóvenes que abandonan el sistema educativo. Hay que revertir la actual tendencia.

El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo. Quezada.alberto218@gmail.com