Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

La violación del orden constitucional siempre termina en hechos de violencia, y en ocasiones en el desbordamiento de ríos de sangre. El país lo vivió en su más cruda expresión con el Golpe de Estado al gobierno de Juan Bosch, y posteriormente con la revolución de abril y la intervención militar norteamericana.

Lentamente el país ha dado pasos hacia la institucionalidad y la vida en democracia, pero las columnas son muy frágiles, no listas para enfrentar fuertes terremotos, y con cualquier exceso todo se podría desmoronar.

Sobre todo, porque para muchos la palabra democracia es una frase bonita en un libro, y no es así. Más allá de que los clásicos hablaban de democracia, y de que Abraham Lincoln decía que era el gobierno, del pueblo y para el pueblo, hay que vivir la realidad en el día a día.

El árbol de la democracia se tiene que remozar todos los días, con acciones concretas, con ecuanimidad, con concertación, con diálogo, sin exclusiones y con oportunidades para todos.

La democracia no pasa de ser una palabra escrita en un libro si hay injusticias, si se padece hambre, si el desbalance social condena a la esclavitud de la miseria a las masas desposeídas. Sin una justicia social, la democracia no se digiere.

Con el Golpe de Estado a Juan Bosch se le quitó la oportunidad al país de avanzar por la senda del desarrollo. Eran años de intolerancia, la ley del más fuerte. Trujillo cayó, pero su régimen y su forma de gobernar siguieron siendo el faro de sustentación en el país. Había que terminar con Trujillo en lo físico, pero también con su filosofía de usurpar el poder.

La acción golpista condujo directo al país al despeñadero y lo sumergió en la barbarie y el desconocimiento de todos los derechos humanos y ciudadanos. De la resistencia ahogada en sangre en las escarpadas montañas de Quisqueya, se dio paso al Golpe de Estado militar para el retorno a la constitucionalidad sin elecciones.

El fraccionamiento de las Fuerzas Armadas y la integración de los civiles, dio paso a la revolución de abril, con el pueblo con las armas en la mano reclamando la Constitución del 63 y el retorno del gobierno legítimo.

Los norteamericanos protagonizaron su segunda intervención militar, para evitar que las masas armadas conquistaran el poder, y a su salida física dejaron instalado el gobierno de los doce años del doctor Joaquín Balaguer, donde se cometieron constantes violaciones al derecho a la vida.

La democracia es ofrecer libertades, pan, servicio médico, respeto a las ideas, evitar las exclusiones, y sobre todo que cada persona tenga el derecho de ver realizados sus sueños en el marco de la justicia y la libertad. ¡Ay!, se me acabó la tinta…