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domingo, octubre 11, 2026
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El Metro de Santo Domingo: de símbolo de modernidad a desafío de confiabilidad

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Por. Danilo Feliz Medina

Hubo un tiempo en que hablar del Metro de Santo Domingo generaba fuertes debates políticos. La obra fue cuestionada por sectores de la oposición que consideraban que el país tenía otras prioridades. Sin embargo, mientras la discusión política avanzaba, Santo Domingo continuaba creciendo y con ella aumentaban los congestionamientos, los tiempos de desplazamiento y la necesidad de un sistema de transporte público de mayor capacidad.

El entonces presidente Leonel Fernández comprendió que el transporte masivo ya no podía considerarse un lujo para la capital, sino una necesidad. Así nació el Metro de Santo Domingo, cuya primera línea fue inaugurada en enero de 2009. Con el tiempo, aquella obra cuestionada terminó convirtiéndose en una infraestructura fundamental para la movilidad de miles de dominicanos.

Los datos oficiales permiten dimensionar su importancia. En 2023, la red integrada por las dos líneas del Metro y el Teleférico movilizó más de 107 millones de usuarios. Esto demuestra que el Metro dejó de ser simplemente una gran obra de infraestructura para convertirse en parte esencial de la vida cotidiana de Santo Domingo.

Precisamente por eso, las frecuentes interrupciones del servicio deben generar preocupación.

Durante 2026 se han producido diversas incidencias que han afectado el funcionamiento de las líneas. En septiembre, una falla en una subestación eléctrica provocó una interrupción prolongada en la Línea 2, generando largas esperas y afectando a numerosos pasajeros.

Días después se reportaron nuevas dificultades operativas.

Para un sistema de transporte masivo, una avería ocasional puede ocurrir. Lo verdaderamente importante es la confiabilidad del sistema, es decir, su capacidad para operar de manera segura, continua y predecible, así como para recuperar rápidamente el servicio cuando ocurre una incidencia.

El usuario no necesita conocer todos los detalles técnicos de una falla eléctrica o mecánica. Necesita algo mucho más sencillo: saber que el tren llegará cuando lo necesita.

Por eso, la respuesta no debe limitarse a reparar las averías después de que ocurran. Se requiere fortalecer el mantenimiento preventivo y predictivo, identificar los componentes críticos, disponer oportunamente de repuestos, analizar las causas de cada interrupción y establecer indicadores públicos que permitan medir la disponibilidad y confiabilidad del sistema.

Esta tampoco debe convertirse en una discusión partidaria. El Metro no pertenece a un gobierno ni a un partido político. Es una infraestructura estratégica de la República Dominicana y, sobre todo, un servicio del que depende diariamente una parte importante de nuestra población.

El gran desafío ahora es preservar lo que durante años representó el Metro: seguridad, rapidez, eficiencia y confianza.

Una obra de esta magnitud no se puede evaluar únicamente por los kilómetros construidos, las estaciones inauguradas o la cantidad de pasajeros transportados. También debe medirse por la tranquilidad que ofrece a quien utiliza el servicio todos los días.

El Metro nació como una respuesta al crecimiento de Santo Domingo. Hoy nuestra ciudad es mucho más grande y depende mucho más de su sistema de transporte masivo.

Por eso, el desafío ya no es demostrar que el Metro era necesario. La vida cotidiana de los dominicanos ya lo demostró. El verdadero desafío es garantizar que siga siendo confiable.

Porque una ciudad moderna no necesita solamente grandes obras.

Necesita obras que funcionen cuando su gente más las necesita.

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