Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol

No hay que apretar la tuerca a los delincuentes, sino dar paso a la acción de la justicia. No hay flojera en las leyes, sino interpretaciones antojadizas de los actores llamados a aplicarla. La fuerza bruta no es toda la solución, pero resuelve de forma instantánea.

Todos los programas implementados en los últimos años en la lucha contra la delincuencia han fracasado. Las fórmulas mágicas de ocasión duermen el sueño eterno, luego de los titulares de prensa, pero la delincuencia sigue siendo un gran tormento. Al parecer pocos saben que hay que hacer.

La aplicación del puño de hierro elimina a los pandilleros existentes en ese momento en una zona determinada de la ciudad, pero surgen nuevas caras y tormentos. Con la macana se eliminan pandilleros, pero no se pone fin a la violencia.

Lo primero es fortalecer la justicia, que sea justa en sus decisiones y que no se doble ni se venda. La Policía a responder a su rol de auxiliar de la justicia. Tiene que detener a los violadores de las leyes y someterlos a juicio.

El germen visible de la delincuencia que son los atracos, los enfrentamientos y las muertes, pueden ser detenidos brevemente por los intercambios de disparos, pero erradicar la criminalidad tiene que ser un programa multisectorial, donde se involucren todos los sectores de la vida nacional.

Creo oportunas las declaraciones del presidente Luis Abinader en torno a que su gobierno enfrentará a la delincuencia. Cierto, no se puede dejar que los armados ilegales se hagan dueños de la república. por un tiempo, a la Policía hay que dejarle manos libres para que actúe, y vamos a ver qué pasa.

La mejor política contra la delincuencia es el garrote y el pan. Puño de hierro en la mano derecho y en la izquierda la funda de comida y el auxilio para los barrios populares y otros sectores sociales que viven en la mayor pobreza.

El respeto a los derechos humanos de todos los ciudadanos es una obligación, pero es bueno señalar que aquellas que violan los bienes y la vida, no se pueden escudar en nociones de civismo. La concepción del respeto total a los derechos humanos, solo se debe aplicar a los que respetan los derechos de los demás.

El que en su diario vivir a estado en una posición de utilizar permanentemente la orca y el cuchillo, no puede esperar que las autoridades los saluden con una sonrisa, una taza de café y una flor. El que mata con hierro mata, con hierro muere. ¡Ay!, se me acabó la tinta.