Por Guarionex Concepción

Sin que se peque de injusto hay que colegir que los dominicanos tenemos mucho tiempo viviendo desordenadamente. Desde luego, no todos los dominicanos, pero si gran parte.

En los aspectos de la vida cotidiana, para todo lo indebido hemos tenido excesivas libertades. Ahora, hay que reconocer los esfuerzos que realizan algunas autoridades por establecer el orden en áreas básicas del quehacer nacional.

A quien se extrañe de que hablemos de excesivas libertades para lo indebido, les podemos señalar unas cuantas cosas que se hacen sin consecuencias. Por ejemplo, una es romper la calle para instalar una tubería. No importa si la calle fue asfaltada el día anterior. Instalar un puesto de vender algo en cualquier sitio. Pegar un alambre del tendido eléctrico. Conducir un vehículo sin placa. Conducir una motocicleta sin luz, sin placa, sin seguro, sin casco. Todo eso se ha venido haciendo per secula seculorum.

Mientras más letrado ha sido el Presidente, mayor ha sido el desorden. El de ahora, el que heredamos, viene de mucho más de los 20 años de atraso que hemos pasado. Sino, vaya usted a sacar un documento, un acta de nacimiento, por poner lo más simple, y saldrá usted con 90 años de edad, sin haber cumplido los 25. Somos el desorden perfecto de mayores libertades. ¿Quiere subir su carro a la acera? No hay problemas, súbalo. ¿Botar una chatarra? Bótela en la calle. Nadie sabrá quién lo hizo. Es que no hay consecuencias. Somos un país libre de hacer lo que nos dé nuestras benditas ganas. Creo que en eso le ganamos hasta a Haití.

Pero la gente que se hartó y lo dijo hace ya dos años, no está dispuesta a seguir este dejar hacer lo que cada quien quiera. Porque por eso estamos inmersos en esta ola de crímenes, robos, asaltos, violaciones a todo, desasosiego, sin que se pueda establecer un control, un alto, un valladar. Y es que hace falta prohibir, detener, cerrar el paso a desafueros, aplicando las leyes que están ahí, que fueron hechas para frenar vagabunderías, y que por no acudir a ellas, ahora tenemos que sacrificarnos todos. Pagamos justos por pecadores. Lo primero es que ahora no se puede andar tranquilamente en la calle. Un sacrificio colectivo por unos cuantos sinvergüenzas, sin leyes y sin controles.

Pues bien, proponemos que comencemos por prohibir que dos personas puedan circular en una motocicleta, a menos que el motociclista y el pasajero sean esposos, hermanos, padre e hijo, o que tenga documentos que avalen que es un motoconchista, con placa, licencia, seguro, matricula del vehículo a su nombre y todo lo que facilite su rápida localización. A partir de las 6:00 de la tarde, que solo se permita una persona en una motocicleta. Esto para empezar a frenar los crímenes y delitos en motos. Porque ya está bueno.

Debe haber un cambio completo. El país votó hace dos años por un cambio. Eso se logra o esto se jorobó. Un cambio implica muchos sacrificios. La disciplina y el orden, de los que tanto se habla, nos fuerzan a participar, sacrificando cosas. Hay que imponer el imperio de la ley.