Por Guarionex Concepción

Creemos, firmemente, que el Central Romana Corporation CRC, no brinda a sus empleados todas las condiciones laborales que los mismos requieren. Pero también creemos que autoridades norteamericanas se han excedido y le hacen un daño inmerecido.

Esta gigantesca empresa, productora de azúcar, es una de las más grandes generadoras de empleos con la cual cuenta el país y, sin duda alguna, la región Este. Miles de hombres y mujeres laboran en las propiedades del CRC realizando los más disímiles trabajos. Son profesionales, técnicos, artesanos, oficinistas, obreros, etc. muchos de los cuales rinden jornadas que cubren las 24 horas del día.

Nací y crecí en las faldas de las principales instalaciones del CRC. Desde la casa familiar veía aquellos impresionantes techos de zinc, las gigantescas chimeneas, almacenes descomunales y los entretejidos rieles por donde se deslizan las pesadas locomotoras e hileras de trenes cargados de caña, que son convertidas en los azúcares que consumimos y exportamos, o el famoso ácido sulfúrico, básico para la elaboración de los plásticos.

Para toda esta enorme industria era como una bendición, y ahora leer y escuchar sobre la sanción que le ha impuesto los Estados Unidos, resulta muy controversial. Aún criticadas administraciones del complejo azucarero no pudieron dañar la imagen que ha logrado. Sus guiños con los gobiernos como el de Trujillo o con el de Balaguer, que le hacían tomar parte en hechos antidemocráticos, no pudieron opacar las simpatías y aceptación del pueblo de La Romana y otros como Higüey y El Seybo, entre otros municipios.

Los empleados y obreros del CRC siempre han gozado de la libertad de permanecer en el trabajo o marcharse. Nunca escuchamos sobre trabajo esclavizante o abusos que no sean los de un capataz violento u otro de tipo personal. Además, el que hace trabajos de limpieza, corte de caña, colocador de postes de alambradas o travesales de los rieles no se desenvuelve, precisamente, sobre un lecho de rosas. Hablamos de lo que vimos en 30 o más años vinculado a los quehaceres de esa industria.

Los tiempos sombríos de la dictadura trujillista y otros vividos en medio de convulsiones sociales pudieron influir en determinadas administraciones para aprovechar e imponer reglas no muy santas, pero por lo general la Gulf and Western o el CRC, ha seguido impertérrita, produciendo la mayor cantidad de sus productos, en relación a los demás ingenios caribeños, aportando riquezas a la economía regional. Nunca tuvo conflicto alguno con sus clientes, por fallas en las cuotas asignadas, por maltratos a sus trabajadores o violaciones de los pactos con éstos. De modo que sorprende la actitud del Departamento de Estado de los Estados Unidos, de impedir la entrada de los azucares del CRC a su territorio.

Esta medida debe ser desestimada de inmediato, porque si antes no se impusieron, en las negras noches vividas por el país, menos deben de surgir ahora, cuando todas las diferencias se debaten en la mesa del diálogo, de manera democrática, colectiva, nunca unilateral.

Bien que el Departamento de Estado de EEUU se preocupe por la suerte de los obreros, pero llama a sospecha que sea cuando menos peso y justificación tienen sus alegatos.