La ira se veía venir

Por: Redacción

Por Guarionex Concepción

El hombre, en su ilimitada ambición de poder y fortuna, se expone a imprevisibles circunstancias, por lo regular sin necesidad.

Desde luego que existen contados casos en los que el hombre busca más la fama, que el poder y la fortuna. Y lo hace con probabilidades de éxito. No así los que defraudan y engañan.

El expresidente Leonel Fernández acaba de vivir una experiencia que le debe servir de advertencia, sino de aviso, para que prevea a lo que se arriesga, al querer volver a ser electo para un nuevo período, luego de ser presidente durante 12 años.

Si usted fue un presidente que no aportó lo que se esperaba de un hombre brillante, instruido, con fuerza y juventud, un gran exponente teórico de la solución a los problemas medulares de su nación. Si no pudo disminuir la pobreza, aumentar los índices educativos, impulsar los planes de salud, recuperar la generación de electricidad, disminuir los costos de la canasta alimenticia, entonces ¿a qué volver? ¿por qué ese empecinamiento?

¿Acaso Leonel Fernández, un hombre de tantas luces, desconoce los niveles de rechazo que provoca la corrupción? Esta campeó por sus fueros durante sus mandatos, donde hubo descaros inconcebibles, al estilo de los de la Sun Land y los Súper Tucano e infinitas barbaridades de sus funcionarios civiles militares.

Su gran conceptualización le permite avizorar lo que fluye en su entorno. ¿Acaso las circunstancias en las que tuvo que escurrirse, rápido y fluido en San Pedro de Macorís no les fueron previsibles? Se arriesgó y ahí las consecuencias.

Es que, por lo regular, las mismas necesidades hacen que la pobreza olvide los infortunios. Pero este señor debe tener un concepto claro de que este país pobre cambió su mentalidad cuando se unieron decenas de miles de voluntades en una marcha histórica, sin retroceso: La Marcha Verde. No era enfrentar sólo a los corruptos de Danilo, sino a todos los corruptos de los 20 años.

Esa marcha, que algunos pretenden desacreditar a toda costa, cambió la mentalidad del pueblo y le hizo ver que sí se puede. Antes volvió Balaguer de sus sangrientos 12 años, pero ya no se va a poder. Ya tendrá que escurrirse, raudo y veloz, todo el que no ha tenido un claro concepto de que la corrupción despierta la ira del pueblo.

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