Por Francisco Luciano
La victoria alcanzada por el doctor Jorge Asjana David representa mucho más que un triunfo electoral: constituye un respaldo histórico y contundente de la comunidad académica de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). El claustro elector respaldó, junto a los cuatro vicerrectores, los nueve decanos y la gran mayoría de directores de escuelas, una amplia alianza que se articula alrededor de una propuesta clara y ambiciosa: “Hacer de la Primada la primera universidad del país”.
Este apoyo mayoritario no es solo un voto de confianza; es un compromiso diáfano y exigente. La comunidad universitaria ha depositado en el nuevo rector y su equipo la responsabilidad de elevar sustancialmente la calidad académica, alcanzar estándares de excelencia, acreditar todos los procesos institucionales e internacionalizar de manera real la vida universitaria. No caben chivos expiatorios ni justificaciones posteriores. El mandato es explícito y el reloj ya empezó a correr.
El principal riesgo interno: el individualismo disfrazado de liderazgo.
Uno de los mayores obstáculos que enfrentará la nueva gestión no vendrá de fuera, sino de dentro. El riesgo más serio es que, en lugar de remar en una misma dirección, cada actor busque visibilidad individual, cuotas de poder o protagonismo personal. Este comportamiento, lamentablemente frecuente en instituciones públicas, fragmenta el esfuerzo colectivo y diluye los resultados.
El liderazgo del doctor Asjana debe marcar desde el primer día una línea clara e intransigente: la UASD y su prestigio están por encima de cualquier interés de grupo, facción o persona. La buena imagen de la universidad, su credibilidad académica y su rol histórico como Primada de América no pueden ser puestos en riesgo por egos o cálculos cortoplacistas. La unidad no es un slogan; debe convertirse en una disciplina cotidiana.
El rol de quienes apoyamos esta propuesta.
Quienes creímos en esta visión tenemos ahora una responsabilidad aún mayor que antes de la elección. No basta con haber votado. Es momento de pasar de la adhesión emocional a la colaboración activa y propositiva.
Esto implica:
– Proponer y ejecutar acciones concretas que eleven la calidad docente, investigativa y de gestión.
– Exigir y contribuir a que la selección del equipo de colaboradores se base en tres criterios irrenunciables: capacidad probada para obtener resultados tangibles, vocación de servicio (servir antes que ser servido) y compromiso con metas medibles, plazos definidos y estándares de rendición de cuentas.
– Construir una cultura de disciplina institucional, donde la excelencia deje de ser opcional y se convierta en norma.
Oportunidades y amenazas en el horizonte
La UASD tiene ante sí una ventana histórica favorable: mayor conciencia nacional sobre la importancia de la educación superior de calidad, avances tecnológicos que pueden democratizar el conocimiento y una generación de docentes y estudiantes con alto potencial. Sin embargo, también enfrenta amenazas reales: competencia creciente del sector privado, limitaciones presupuestarias crónicas, burocracia ineficiente y presiones políticas externas.
Solo con unidad, disciplina y un sentido de propósito compartido lograremos aprovechar las oportunidades y neutralizar las amenazas. La victoria que hoy celebramos se diluirá rápidamente si permitimos que la competencia interna suplante la colaboración recíproca, o si la mediocridad encuentra refugio en la rutina administrativa.
Llamado final:
Pongamos a la UASD primero.
No como frase retórica, sino como principio rector de todas nuestras decisiones.
La Primada de América merece volver a ser la primera. Ese es el mandato que la comunidad universitaria acaba de ratificar. Ahora corresponde convertir ese mandato en realidad tangible, medible y sostenible en el tiempo.
El autor es docente universitario y dirigente político.



