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martes, agosto 18, 2026
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InicioOPINIÓNCayó Federico

Cayó Federico

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Valentín Ciriaco Vargas

Hoy se cumplen noventa años de una interrupción.

No de una muerte: de un movimiento del habla que el español no supo seguir.

Este texto no es homenaje. No recuerda a un muerto. Es un intento de que el poema vuelva a poner en marcha, ahora, la organización del habla que aquella madrugada se quebró.

Léanlo en voz alta. El ritmo es el sentido.

A Diógenes Céspedes, que abrió el oído a esta lengua.

Cayó Federico

Todo era

zozobra,

todo era
terror,

todo era
crimen.

Federico

dejaba abiertos

sus versos

cuando España
tembló,

cuando la madrugada

cambió de color.

Se encendió lo oscuro

para no errar

el tiro.

No cayó

un hombre.

Cayó

una voz,

alumbrada

por su propia interrupción.

Y algo en el idioma

se quedó sin volver.

Desde aquel disparo

pueden matar

al poeta.

Nunca

su canto.

Nada de lo que
aquí se diga

añade una página

a lo que ya se escribió.

Sobre Federico

se ha dicho todo,

excepto

lo único que importa.

Lo único que importa

no es lo que le pasó.

Es lo que pasó

en el idioma.

Federico no fue

un hombre que dejó poemas.

Fue un ritmo

que el español inventó

y que, una vez inventado,

no pudo dejar de producir.

Leerlo

no es recordar a un muerto.

Es instalarse

en una forma de sujeto

que el lenguaje ofrece

cada vez que alguien

lo lee en voz alta.

No es memoria.

Es reenunciación.

Es acontecimiento.

Aquella madrugada

no terminó una vida.

Interrumpió

un movimiento del habla.

Y una interrupción rítmica

no se repara

con justicia

ni con monumentos.

Se repara

-si es que se repara-

cada vez que un poema

vuelve a poner en marcha

esa organización del habla

que Federico desató.

Por eso

no es verdad que lo mataron.

Mataron un cuerpo.

Pero el sujeto poético

que Federico fue

no habita en el pasado.

Habita en la lectura.

Habita ahora,

mientras estas palabras

te atraviesan

con su ritmo.

Lo que cayó

aquella madrugada

no fue una voz

que se apagaba.

Fue una voz

que el idioma

no supo seguir.

Y desde entonces

el español habla

con una herida abierta.

No es metáfora.

Es ritmo.

Es el ritmo

de lo que no volvió.

Finlandia,

18 de agosto del 2026

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