Por Guarionex Concepción
El grave riesgo de una violencia generalizada entre los grupos pandilleros que mantienen convulsionado el territorio haitiano y tropas militares extranjeras podría afectar peligrosamente a República Dominicana.
Cómo resulta que cada vez que la convulsión en suelo haitiano alcanza grados extremos, los residentes en ese lado intentan ingresar a nuestra nación, no es de extrañar que un enfrentamiento armado de ese nivel haga correr a quienes viven en ese suelo, hacia nuestro país.
Ese sería un delicado proceso que tendríamos que vivir, entre los muchos otros que esa antigua república nos ha forzado a vivir, luego de aquel iniciado en el 1822, impulsado por el nefasto Jean-Pierre Boyer.
Esta vez los dominicanos tenemos que estar bien avisados – eso lo tiene que saber muy bien el presidente de la República, Luís Abinader – porque esta vez la aceptación de los haitianos podría ser impuesta por la ACNUR, o sea, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, lo que generaría la más grave crisis que tendría que enfrentar el Gobierno Dominicano de manera local en internacional.
Con la ONU hay acuerdos suscritos a través de la ACNUR, creada el 14 de diciembre de 1950, para proteger a los millones de personas que buscaban refugio a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial.
La ONU actúa a través de ACNUR de manera unilateral. El suyo es un mandato que está suscrito por todos los países miembros de ese organismo, que tiene que ser acogido por todos y cada uno de ellos. La RD es miembro
Eso nos debe hacer desear fervientemente que un estallido entre tropas conjuntas de varios países contra los vándalos haitianos no se produzca, a pesar de lo necesario que se hace decapitar las pandillas.
No obstante, la ONU está obligada a ver a la RD como una demarcación inoperante para crear en su área uno o más campos de refugiados haitianos, por las mismas circunstancias históricas que hacen imposible que militares de nuestro país puedan ser enviados a territorio haitiano, así sea en la misión de la más sacrosanta paz.
Esa misma situación que es respetada por todas las naciones amigas, tiene que valer para el caso de que el pueblo dominicano, con su Gobierno al frente, se opongan a que el grave peligro de que se intente crear enclaves de haitianos refugiados por millares en nuestro territorio.
De modo que, guerra avisada no mata soldado. Esto a que aludimos podría estar a un tris de ser aprovechado por intereses transnacionales a los que siempre se ha señalado por querer resolver los problemas de las personas que, desafortunadamente, viven del otro lado de nuestras fronteras.
Es bueno que todos los dominicanos sepan el riesgo que corremos ante las buenas intenciones de poner fin al vandalismo en la otrora república de Haití. Si nuestros soldados no pueden ser aceptados dentro del conglomerado de fuerzas que tratan de limpiar de vándalos las ubicadas al lado de nuestras fronteras
Tampoco deben aceptar en tierra dominicana a esos infortunados seres que nadie quiere en su patria, pero que oscuros intereses, incluso de naciones que han abusado de ellos, persiguen que sean solo los dominicanos que carguen con sus males.
Es bueno que todos los involucrados en la actual fase de conflicto en la tierra de Francois Dominique Toussaint Louverture sepan el grave conflicto que pueden desatar con una estampida haitiana que podría brindarse como excusa para «resolver», a la manera de nefastos intereses, una situación histórica dada con quienes nos ocuparon por 22 años y luego hasta han perdido la condición de Estado. Que lo piense el admirable presidente Nayib Armando Bukele Ortez y los admirables presidentes de las naciones que han brindado apoyo al esfuerzo por desintegrar el cáncer del caos de Haití.
Que sepan muy bien la horrible coyuntura que esa esperada acción puede crear para República Dominicana y hagan hasta lo inimaginable para someter a la acción de una justicia verdadera a estos criminales pandilleros, evitando de la mejor manera posible crear en RD una situación que podría ser peor a la que vive Haití. Eso compromete, de manera muy especial a la misma ONU.



