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domingo, noviembre 1, 2026
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InicioOPINIÓNLa humanidad y su deterioro: cuando el corazón pierde su norte

La humanidad y su deterioro: cuando el corazón pierde su norte

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Por. Danilo Feliz Medina

¿En qué momento comenzamos a aplaudir lo malo y a olvidar el valor de hacer el bien?
Con el paso del tiempo, parece que la humanidad está perdiendo el rumbo. Nos acostumbramos a ver el sufrimiento ajeno, a celebrar la maldad y a dar más importancia a la apariencia que a la esencia. La mentira parece tener más valor que la verdad, la hipocresía consigue más aplausos que la honestidad y un chisme puede despertar más interés que una historia de superación. Ante un accidente, una tragedia o una persona que necesita ayuda, algunos prefieren sacar sus teléfonos para grabar y conseguir likes, en lugar de extender una mano solidaria.

Pero ¿por qué está sucediendo esto? ¿Nos estamos volviendo indiferentes al dolor de los demás? ¿Hemos permitido que la búsqueda de reconocimiento nos haga olvidar nuestra responsabilidad como seres humanos?

La historia nos ofrece lecciones dolorosas. El Holocausto, durante el cual fueron asesinados aproximadamente seis millones de judíos por el régimen nazi y sus colaboradores, y los horrores de las guerras que han devastado pueblos enteros nos recuerdan hasta dónde puede llegar la crueldad humana cuando el odio, los prejuicios y el desprecio por la dignidad de los demás se imponen sobre la conciencia. Estos hechos no ocurrieron simplemente porque faltaran conocimientos o avances tecnológicos, sino también porque se permitió que la deshumanización ganara terreno.

La Biblia, por su parte, nos advierte en 2 Timoteo 3:1-5 sobre tiempos difíciles en los que abundarían el egoísmo, la ingratitud, la falta de dominio propio y las apariencias de piedad sin una transformación verdadera del corazón. Asimismo, Mateo 24:12 expresa una advertencia profunda: «Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará». Son palabras que invitan a examinar nuestra conducta y la sociedad que estamos construyendo.

Quizás uno de nuestros mayores problemas sea que hemos avanzado en ciencia, tecnología y comunicación, pero no siempre hemos avanzado al mismo ritmo en amor, empatía y conciencia moral. Podemos comunicarnos con el mundo entero desde una pantalla y, al mismo tiempo, ignorar a quien sufre a nuestro lado. Hemos aprendido a medir la popularidad con cifras, pero no siempre sabemos medir la grandeza de una persona por sus valores.

Para quienes encontramos orientación en la fe, la Biblia no es solamente un libro religioso: también es una guía para vivir con responsabilidad, respeto y amor al prójimo. Mateo 22:37-39 nos recuerda el mandamiento de amar a Dios y amar al prójimo como a nosotros mismos. Y Miqueas 6:8 nos llama a practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Dios.

Sin embargo, no basta con señalar que la humanidad se ha alejado de sus principios; debemos preguntarnos cuánto hacemos nosotros para acercarla nuevamente a ellos. El cambio comienza cuando decimos la verdad, aunque mentir resulte más conveniente, cuando defendemos al indefenso, cuando rechazamos la humillación como entretenimiento y cuando ayudamos sin necesidad de publicar nuestra bondad.

La humanidad todavía puede recuperar su norte, pero necesita volver a colocar el amor, la verdad, la justicia y el respeto por la vida en el centro de sus decisiones. No podemos cambiar el mundo entero en un solo día, pero sí podemos evitar que la indiferencia gobierne nuestro propio corazón.

Porque el verdadero deterioro de la humanidad no comienza cuando desaparecen sus riquezas, sus edificios o sus avances, sino cuando pierde la capacidad de sentir el dolor ajeno. Y su verdadera recuperación comienza cuando comprendemos que hacer el bien nunca debería pasar de moda.

Que nunca lleguemos a una época en la que la maldad nos entretenga, la mentira nos convenza y la bondad nos resulte indiferente. Porque una sociedad que pierde sus valores puede conquistar el mundo, pero corre el riesgo de perder su humanidad.

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