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sábado, julio 25, 2026
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El secreto de crear riqueza en el barrio

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Por Milton Olivo*

Dicen que había un joven en Santo Domingo Este que caminaba todos los días por las mismas calles de su barrio, con la cabeza baja. Veía piedras, troncos secos, neumáticos viejos y botellas abandonadas. Para él, todo aquello era basura, igual que muchos pensaban de sus sueños.

—Aquí no hay oportunidades —repetía una y otra vez

Un día se encontró con un viejo artesano que observaba el suelo como si buscara oro.

—¿Qué busca? —preguntó el joven.

—No busco oro —respondió el artesano sonriendo—. Busco oportunidades.

El muchacho miró a su alrededor y solo vio desperdicios.

El anciano recogió una piedra y comenzó a tallarla. Horas después, aquella piedra se había convertido en una hermosa figura artesanal.

Luego tomó una rama seca y la transformó en una elegante lámpara. Más tarde cortó un neumático viejo y, con paciencia e imaginación, construyó un hermoso mueble de jardín.

El joven no podía creer lo que veía.

—¿Cómo logró convertir basura en algo tan valioso?

El artesano respondió:

—Yo no convierto la basura en riqueza. Lo que convierto en riqueza es la imaginación. La mayoría de las personas solo ven lo que las cosas son; los emprendedores ven lo que pueden llegar a ser.

Aquellas palabras cambiaron la vida del muchacho.

Desde ese día dejó de caminar buscando empleo únicamente. Comenzó a caminar buscando materiales. Donde otros veían un tronco abandonado, él veía una mesa. Donde otros veían un neumático inservible, él veía una silla o una figura decorativa. Donde otros veían piedras, él veía arte.

Con el tiempo empezó a vender sus creaciones. Lo que inició con casi ninguna inversión se convirtió en una fuente de ingresos para él y, después, para otros jóvenes del barrio que aprendieron su oficio.

Entonces comprendió una gran verdad: La pobreza muchas veces no comienza por la falta de recursos, sino por la falta de imaginación y de confianza en uno mismo.

Porque Dios puso riquezas en la naturaleza, pero también puso la mayor riqueza dentro de cada ser humano: la capacidad de crear.

Moraleja. Las oportunidades no siempre llegan disfrazadas de dinero. A veces llegan en forma de una piedra, una rama, un neumático viejo o cualquier material que otros desechan.

Quien aprende a usar su imaginación descubre que puede transformar lo que parece no valer nada en una fuente de ingresos, dignidad y progreso.

Aprende. Emprende. Progresa.

*El autor es escritor, pensador del desarrollo y comunicador público. Promueve una cultura de aprendizaje, emprendimiento e innovación para hacer realidad una Quisqueya Potencia.

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