Por Alberto Quezada
En el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ya no se está peleando solamente por una candidatura. Se está peleando por algo mucho más peligroso: quién tiene la llave de la casa cuando llegue la hora de apagar las luces.
Las denuncias de Francisco Javier García sobre el padrón han convertido una consulta interna en algo más delicado que una simple competencia entre aspirantes. Han colocado sobre la mesa la palabra que más daño puede hacerle a cualquier proceso político: desconfianza.
García cuestiona la situación de 523,781 personas y ha denunciado, además, supuestas ofertas económicas a dirigentes de su entorno. Son señalamientos políticamente explosivos, pero que deben permanecer en el terreno de las denuncias mientras no sean demostrados.
La CONAP, por su parte, sostiene que no existe exclusión arbitraria. Explica que a esos registros corresponden a personas con afiliaciones múltiples que no habían sido validadas y que tendrán oportunidad de regularizar su situación antes de la consulta.
Hasta ahí, la burocracia. Pero la política comienza precisamente donde termina la explicación burocrática. Porque el padrón no es una hoja de cálculo. Es poder.
Quien aparece en él tiene una posibilidad de votar. Quien queda fuera, aunque sea temporalmente, tiene una razón para preguntar por qué.
Y cuando esa discusión involucra a más de medio millón de registros a pocas semanas de una consulta, ya no basta con decir que todo está en orden. Hay que demostrarlo. Hay que abrir el proceso a la lupa de los propios competidores y despejar cualquier sombra antes de que se convierta en una tormenta.
Francisco Javier parece haber comprendido el valor político de esa grieta. No necesita demostrar ahora que hubo manipulación para colocar el tema en el centro de la conversación. Le basta con instalar la pregunta. ¿Están todos jugando con las mismas reglas?
Esa pregunta puede ser más peligrosa que cualquier acusación. Porque si la respuesta llega tarde, el resultado puede llegar acompañado de una factura: la sospecha.
Y el PLD tiene demasiada experiencia histórica para ignorar el costo de las guerras internas. Una consulta concebida para producir liderazgo puede terminar produciendo nuevas trincheras. El asunto, entonces, no es solamente quién obtiene más votos el 18 de octubre.
El verdadero desafío será conseguir que quien pierda reconozca las reglas, acepte el resultado y permanezca dentro del proyecto. Ahí estará la prueba de fuego.
El PLD puede salir de la consulta con un candidato, pero todavía tendrá que demostrar que conserva un partido.
Porque un ganador con votos puede ocupar el centro de la fotografía. Pero si detrás de esa fotografía queda una entidad política partida en dos, la victoria habrá sido apenas una manera elegante de esconder la derrota.
El autor es periodista y magíster en derecho y relaciones internacionales. Reside en Santo Domingo. quezada.alberto218@gamil.com



