Por Manuel Vólquez
El Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), que mide las competencias en lectura, matemáticas y ciencias de los estudiantes de 15 años, comparando sistemas educativos y orientando políticas y reformas en varios países, ha publicado un reporte que debe preocupar a nuestras autoridades del sistema educativo, a los maestros y a toda la sociedad dominicana.
Afirma en su informe que República Dominicana logró una mejoría en ciencias sociales y naturales, reduciendo la proporción de estudiantes con bajo desempeño en esa materia y mostró resultados favorables en equidad socioeconómica. Obtuvo 361 puntos en ciencias, 339 en matemáticas y 346 en lectura. Frente a 2018, el mayor avance se produjo en ciencias, que pasó de 336 a 361 puntos, una ganancia de 25 puntos. Matemáticas subió de 334 a 339 y lectura de 342 a 346. La investigación incluyó al país entre los sistemas educativos que mejoraron su desempeño en ciencias entre 2015 y 2025, en contraste con el deterioro observado internacionalmente en varias áreas educativas.
El informe Pisa 2025 dice que República Dominicana figura junto con Lituania, Eslovaquia, Turquía, Georgia, Macao, Montenegro, Catar, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos y Uruguay entre los sistemas que elevaron su rendimiento en ciencias entre 2015 y 2025. Es un avance, pero hay que seguir trabajando para avanzar más.
Ese análisis nos conduce a una reflexión crítica. Hemos avanzado a paso lento en ciencias sociales y naturales, matemáticas y en lectura. Necesitamos escalar más para situarnos, por lo menos, a la altura de las naciones asiáticas, que son las que ocupan el primer lugar en esas herramientas del conocimiento. Nuestros estudiantes de escuelas públicas deben ser más competitivos en las citadas asignaturas y las demás que conforman el calendario escolar, pero es una tarea que amerita de la participación, no sólo del Estado dominicano, de los maestros que deben capacitarse más para educar y propiciar un óptimo rendimiento de los escolares.
Además, deduzco, es preciso trabajar a fondo para resolver dos casos que preocupan: las constantes inasistencias de alumnos a las aulas para irse a otros lugares y de aquellos que desertan por razones atribuidas a las deprimentes situaciones socioeconómicas y a graves conflictos familiares que terminan en una separación conyugal definitiva. Por lo visto, se trata de algo complejo que requiere atención inmediata.
De nada vale el esfuerzo del Estado dominicano de invertir en la educación, construyendo o reparando escuelas, si muchos docentes no ayudan a fortalecer esos propósitos. Muchos maestros no están preparados para la delicada labor de enseñar y es la razón de las evaluaciones del desempeño docente que realiza el Ministerio de Educación. Los buenos maestros con probada vocación de servir ya están agotados, viejos, enfermos y con poca fuerza para continuar, esperando una jubilación. En cambio, los que están fuertes y en buena salud pasan el tiempo entorpeciendo cada año escolar con las frecuentes asambleas y paralizaciones de las labores en horario de clases (y cobran el sueldo mensual completo), una repudiada tarea que realizan bajo la batuta de un gremio que, por décadas y contra cada gobierno, ha perjudicado a los millones estudiantes provenientes de familias pobres que acuden a los centros educativos públicos.
Sin dudas, la política ha permeado las escuelas y es una de las causales del atraso de nuestro sistema educativo. Los gobiernos le temen a las huelgas y a los gremios. Ha sido siempre su debilidad y eso lo saben los gremialistas, como el sindicato de los profesores que ya debieran declararlo partido político y solicitar el reconocimiento ante la Junta Central Electoral.



