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lunes, julio 27, 2026
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InicioOPINIÓNLa salud pública no puede seguir en cuidados intensivos

La salud pública no puede seguir en cuidados intensivos

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Por Bill Peña

La realidad de los hospitales públicos dominicanos es una de las expresiones más dolorosas del abandono estatal.

Infraestructuras deterioradas, salas insalubres, equipos dañados o inexistentes, escasez de medicamentos e insumos básicos y pacientes obligados a soportar condiciones indignas son el reflejo de un sistema que ha sido relegado durante demasiado tiempo.

Mientras el Gobierno proclama avances y modernidad, miles de dominicanos enfrentan diariamente una amarga realidad: hospitales que parecen estar al borde del colapso. No se puede hablar de desarrollo cuando una madre debe recorrer varios centros buscando atención para su hijo o cuando un médico carece de los instrumentos mínimos para salvar una vida.

La principal causa de este fracaso tiene nombre: falta de voluntad política para invertir en la salud del pueblo. Destinar apenas alrededor del 1.9 % del Producto Interno Bruto (PIB) a la salud pública resulta insuficiente para garantizar un servicio digno, eficiente y humano para más de diez millones de dominicanos.

Las consecuencias de ese abandono son devastadoras. La elevada mortalidad infantil continúa siendo una de las mayores vergüenzas nacionales, colocando al país entre los peores indicadores del hemisferio. Detrás de cada cifra hay un niño que no sobrevivió, una madre que perdió a su hijo y una familia marcada para siempre por el dolor.

No es aceptable que en pleno siglo XXI existan hospitales donde falte agua potable, materiales de curación, medicamentos esenciales o equipos para realizar diagnósticos oportunos. Esa situación no solo constituye un problema administrativo; representa una violación al derecho fundamental a la salud y a la dignidad humana.

La salud no puede seguir siendo una prioridad únicamente en los discursos de campaña. Es momento de que el presupuesto nacional refleje las verdaderas necesidades del pueblo, fortaleciendo la infraestructura hospitalaria, garantizando insumos permanentes, equipamiento moderno y condiciones laborales dignas para el personal médico.

Un país que abandona sus hospitales termina abandonando a su gente. La salud pública dominicana necesita menos propaganda y más inversión, menos promesas y más resultados.

La vida de los dominicanos no puede seguir pagando el precio de la indiferencia gubernamental.

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