Por Francisco Luciano

Un gobierno que, ante el avance imparable de Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo, se rebaja a realizar maniobras ruines y tramposas no solo demuestra debilidad: exhibe pánico puro y duro. Cuando un partido en el poder pierde el control de la situación y siente que el poder se le escapa, abandona cualquier actitud de decencia y recurre a la diatriba, a la mentira descarada y a las argucias más bajas.

Eso es precisamente lo que está haciendo el PRM.

Primero, han sacado a relucir a su consultor estrella, Mauricio de Vengoechea, para que suelte supuestos diálogos privados con Leonel Fernández. No es un debate de ideas, es una operación burda de fabricación de controversia. Incapaces de confrontar con propuestas o resultados, optan por la calumnia mediática y el chisme interesado. Una vergüenza.

Segundo, el senador Dagoberto Díaz soltó la confesión más humillante: ofreció entregar su propia posición para que el PRM postule a un dirigente del PLD y mendigue una alianza contra la Fuerza del Pueblo. Después de haber perseguido, judicializado y arrinconado al PLD durante años con todo el peso del Estado, ahora le ruegan apoyo. No hay mayor señal de derrota anticipada que tener que suplicar auxilio al enemigo que antes destruiste.

Tercero, han desatado una campaña cobarde de rumores sobre una supuesta enfermedad grave de Leonel Fernández. Cuando un gobierno se rebaja a atacar la salud y la vida personal del adversario, ya no le queda nada más. Es la patada del ahogado, la última carta del que sabe que en el terreno político e intelectual está irremediablemente derrotado.

Como se puede apreciar las tres acciones —la entrevista armada, la mendicidad de alianza y la guerra sucia contra la salud de Fernández— no son estrategias políticas. Son síntomas claros de un gobierno desesperado, sin ideas, sin respaldo popular y sin rumbo. Incapaz de ganar con su gestión, recurre a la mentira sin vergüenza y a las trampas más bajas.

El PRM no está gobernando: está agonizando en público. Y cuanto más ataca de esta forma, más evidencias ofrece de que Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo representan el futuro que ellos ya no pueden detener.

El autor es docente universitario y dirigente político.