Por Manuel Hernández Villeta/A Pleno Sol
La violencia no está ajena a los estragos de la marginalidad social, del hambre y la miseria. De ahí que las primeras acciones de prevención hay que tomarlas mejorando las condiciones de vida de la población.
El crimen hay que combatirlo con medidas puntales, antes de que se produzca el delito. Una pared contra la violencia descarnada es mejorar los niveles escolares y elevar las condiciones de vida de los barrios.
La mayor parte de los residentes en barriadas excluidas son jóvenes que no tienen futuro, y el presente le es pesaroso. De ahí que, ante la ausencia de esperanzas, se convierten en punta de lanza del crimen.
No se puede nunca justificar el delito cometido. Los responsables deben ir a la cárcel o el cementerio y pagar por sus hechos. La prevención nunca se puede interpretar como impunidad.
Hay que mejorar los niveles de la enseñanza, y lograr que el hogar sea la palanca y el faro de luz. Desde la niñez hasta ser adultos. Familias destruidas y sometidas al abandonan, son incapaces de preparar buenos ciudadanos.
Se tiene que hacer un esfuerzo mayúsculo por lograr el fortalecimiento familiar. Las uniones fracasan por desavenencias en la pareja: En muchas ocasiones el hombre abandona a la mujer y a los hijos, y la madre soltera no tiene las facilidades ni la preparación para ella sola echar adelante.
La situación de los jóvenes marginados, carne de cañón del crimen, solo llama la atención cuando cometen un delito. También se debe pensar que el abandono es sinónimo de futura violación a las leyes.
La llegada de la materia de la moral y cívica debe ser obligatoria en las escuelas. Le enseñará de forma responsable a los muchachos al ir formando su carácter y preparándolos para que puedan ser buenos ciudadanos.
Se está viviendo en una sociedad deshumanizada, donde nadie mira con una sonrisa al que le queda al lado. Surge un individualismo que lacera lo que debe ser solidaridad. Hay que levantar la bandera de la unidad, para hacer frente al crimen.
Luego de la comisión del hecho criminal, se entra al terreno de la detención y el juicio. La policía tiene que tener puño de hierro para los criminales, y la justicia debe caer sobre ellos con todo su peso.
Los dominicanos son grandes batalladores, y es seguro que la violencia no les va a doblar las rodillas. Por el contrario, el derramamiento de sangre se irá desmontando con el esfuerzo solidario de todos. La paz y la tranquilidad es el anhelo ciudadano.



